LA SUBJETIVIDAD EN DISPUTA: JULIO 2026 O LA MEMORIA CONTRA LA FICCIÓN DEL PROGRESO
El Mensuario de Julio 2026 registra un punto de inflexión en el saqueo regional: mientras el capital avanza sobre la ley de tierras y la soberanía científica, los pueblos ensayan un republicanismo transmoderno que rompe el espejo de la colonialidad digital.
Julio de 2026 se despide con un frío que no es solo climático, sino sistémico. Las crónicas que componen este número de @SinRegistro.ar revelan que la maquinaria del capital ha decidido perforar no solo nuestros territorios, sino el núcleo mismo de nuestro deseo. El diagnóstico de este mes es de una complejidad ineludible: ya no basta con resistir el despojo material de la tierra o el vaciamiento de la heladera; la batalla hoy se libra en la microfísica de la subjetividad. Como señala el filósofo Santiago Castro-Gómez, el "like" digital se ha revelado como la actualización de una tecnología de gobierno colonial que nos enseña a valorar nuestra existencia solo a través del reconocimiento de un espectador que nos valida desde el "punto cero" del algoritmo. En este julio, la resistencia popular ha comenzado a entender que para defender la vida, primero hay que descolonizar las ganas.
El asedio a la razón: "Cientificidio" y desmantelamiento soberano
Uno de los ejes más dolorosos de este mes ha sido la confirmación de un "cientificidio" en curso en Argentina. Más de 2.600 investigadores y una veintena de premios Nobel alzaron su voz en una carta abierta para exigir al régimen de Javier Milei que detenga el desmantelamiento de un sistema que tardó décadas en construirse. El dato es demoledor: la inversión en Ciencia y Técnica cayó al 0,14% del PBI y se pierden casi ocho puestos de trabajo por día. No se trata de un ajuste fiscal, sino de un plan para anular la soberanía e independencia económica. La militarización de organismos estratégicos como el INTI y la CNEA, donde los trabajadores denuncian bloqueos de la Gendarmería y la ocupación de cargos por personas sin idoneidad, dibuja la postal de una "nueva Noche de los Bastones Largos".
Este vaciamiento científico tiene su correlato en la persecución sindical. El caso de Mariano Saleh, delegado de Atucha II con 14 años de trayectoria, es emblemático: la empresa Nucleoeléctrica le inició un juicio de exclusión de tutela por sus críticas en redes sociales, bajo el absurdo argumento de que sus palabras representan un "peligro radiológico". Lo que realmente temen es la denuncia del desguace del programa nuclear, que ya perdió al 12% de su personal calificado para favorecer una futura privatización.
La ley del saqueo: Tierra, extranjerización y "propiedad privada"
En el plano legislativo, julio ha sido el mes de la "entrega de la patria". El informe del Observatorio de Tierras revela que 13 millones de hectáreas argentinas —una superficie equivalente a toda Inglaterra— ya están en manos extranjeras, con 36 departamentos que superan el 50% de extranjerización en zonas estratégicas como la cordillera, las fronteras y la cuenca del Paraná. Mientras tanto, el Senado debate el proyecto de "Inviolabilidad de la Propiedad Privada", una pieza de relojería jurídica que busca duplicar el límite de tierras extranjerizables y habilitar el negocio inmobiliario sobre zonas incendiadas, reduciendo de 60 a 30 años la prohibición de cambio de uso de suelo.
Las comunidades originarias no han guardado silencio. La Coordinadora del Parlamento Mapuche de Río Negro y la Confederación Mapuche de Neuquén emitieron un comunicado conjunto denunciando que esta ley es la puerta de entrada a una "nueva Campaña del Desierto" que busca limpiar los territorios para abrir paso al fracking y la megaminería. A pesar de los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como el caso Lhaka Honhat, que el Estado argentino sigue ignorando tras 40 años de lucha, la ofensiva extractivista se acelera mediante el "Súper RIGI", un régimen que regala prioridad en el uso de agua y energía a las corporaciones tecnológicas y mineras por encima de la población.
La región bajo el mazo de las nuevas derechas
El mapa regional de julio muestra una consolidación de la ofensiva reaccionaria. En Perú, Keiko Fujimori asumió la presidencia en medio de denuncias de irregularidades, prometiendo un modelo de "seguridad" basado en la represión y el blindaje judicial para militares y policías. En Colombia, Abelardo de la Espriella prepara su asunción el 7 de agosto con la creación de "comandos urbanos" que reviven el fantasma del paramilitarismo para cazar la protesta social. En Bolivia, el gobierno de Rodrigo Paz ha formalizado el estado de excepción, permitiendo detenciones sin debido proceso y criminalizando símbolos ancestrales como la wiphala y el poncho.
Frente a este "totalitarismo del mercado", Cuba resiste un cerco energético genocida que Washington intenta ocultar tras una mediática "guerra multidimensional". Díaz-Canel denunció ante la ONU que el bloqueo ha provocado la paralización de industrias y el desabastecimiento de medicamentos esenciales, elevando la mortalidad infantil de forma evitable. Sin embargo, la solidaridad internacionalista se materializa en el envío de 7 toneladas de medicamentos por parte del MST brasileño, demostrando que la fe en el proyecto revolucionario sigue siendo un escudo contra el muro digital de desinformación.
Vulnerabilidad y crueldad institucionalizada
El Mensuario de julio pone el foco en las víctimas más silenciadas del ajuste. En Argentina, la indigencia explotó en la Ciudad de Buenos Aires, donde 274.000 personas pasan hambre en el distrito más rico del país. La eliminación del programa "Volver al Trabajo" deja a casi un millón de personas de la economía popular sin un ingreso de subsistencia, en un contexto donde ya cerraron 1.814 empresas en lo que va del año. La crueldad se ensaña adicionalmente con el colectivo de la discapacidad: la disolución de ANDIS y su reemplazo por la SENADIS implica un retorno al modelo médico-hegemónico que infantiliza y recorta pensiones de forma criminal.
En el sur, la crisis energética golpeó con saña: 100 familias de Tolhuin se quedaron sin gas en plena ola polar de 18 grados bajo cero porque la empresa Camuzzi cortó el suministro avisando solo por mail. Mientras tanto, en los barrios populares, la ludopatía digital avanza a través de casinos ilegales que endeudan a las familias, un espiral que se alimenta de la falta de futuro y el desamparo estatal.
La invención de la esperanza: Semillas y organización
Pero julio no es solo el registro del despojo; es la bitácora de la invención popular. La 29° Feria Provincial de Semillas en Misiones reunió a más de 600 guardianes de semillas nativas y criollas, reafirmando que la semilla no es solo un grano, sino espíritu y potencia creadora frente a la ofensiva de la edición génica. El Segundo Campamento Nacional de Agroecología (CAUSA) en Almirante Brown convoca a huerteros y educadores para defender la soberanía alimentaria desde abajo.
En el mundo del trabajo, los sindicatos uruguayos lanzaron la campaña "Más tiempo, más vida" para reducir la jornada laboral a 40 horas sin pérdida salarial, poniendo la salud mental en el centro de la disputa. En Brasil, el Movimiento Negro lanzó el proyecto "Quilombo nos Parlamentos", con más de 150 candidaturas para romper la subrepresentación histórica y combatir el racismo ambiental. Y en las fábricas, el documental "Recuperar un futuro" sobre la cooperativa COTRAMEL nos recuerda que la autogestión sigue siendo la única salida digna frente a la quiebra patronal.
Conclusión: Hacia una nueva voluntad de poder popular
A 250 años de la independencia estadounidense, el aniversario nos encuentra en una "jaula de terciopelo" donde el sistema nos ofrece el Soma del espectáculo —el Mundial 2026 organizado por una FIFA corrupta— para anestesiar la crítica mientras se destruyen escuelas y se privatizan mares. La verdadera independencia, como gritan las calles de Puerto Rico contra la Junta de Control Fiscal, no es un papel firmado, sino el ejercicio de la soberanía en la calle.
Este Mensuario es una invitación a romper el espejo roto del nacionalismo vacío y mirar el desastre real que tenemos adentro para transformarlo. Como nos enseñaron Ramón Peré, Mario Roberto Santucho y Ernest Hemingway, la derrota no es irreversible si se sostiene la pasión y la voluntad. La tarea de este julio de 2026 ha sido confirmar que, frente al desierto que siembra el capital, los pueblos siguen tejiendo el monte, guardando la semilla y defendiendo la palabra. La lucha continúa, y en cada radio abierta, en cada olla popular y en cada aula que resiste el vaciamiento, estamos escribiendo el prólogo de nuestra propia emancipación.
LA REBELIÓN DE LAS BASES: JUNIO 2026 O LA HORA DE LA OFENSIVA POPULAR
Frente a un capitalismo que ya no oculta su vocación genocida, los pueblos del Sur Global tejen redes de supervivencia, ciencia soberana y espiritualidad política para rescatar lo humano del naufragio.
Junio de 2026 no ha sido un mes más en el calendario de la desposesión; ha sido el momento en que la rabia organizada ha comenzado a devorar los márgenes para situarse en el centro de la escena histórica. El diagnóstico que emana de las crónicas de este mensuario de @SinRegistro.ar es el de una crisis civilizatoria donde el capital, en su fase más abyecta, ha decidido que la vida es un excedente innecesario si no tributa a la acumulación infinita. Ya no enfrentamos solo un modelo económico, sino una maquinaria de "muerte planificada" que opera mediante el extractivismo digital, el despojo territorial y el vaciamiento de la subjetividad. Sin embargo, como nos enseña la teoría de la inversión de la praxis, allí donde el poder impone el silencio, la experiencia colectiva parió gritos que hoy resuenan desde las cumbres de los Andes hasta las periferias urbanas de nuestras naciones.
El epicentro de esta ebullición se localiza en el Estado Plurinacional de Bolivia, donde el pueblo ha cumplido más de 33 días de rebelión ininterrumpida contra el régimen de Rodrigo Paz. Lo que el gobierno intenta presentar como "narcoterrorismo" es, en realidad, una sublevación de bases que ya no responden a las cúpulas sindicales tradicionales. Con más de 90 puntos de bloqueo en cinco departamentos, comunidades indígenas, mineros y campesinos han cercado la capital para exigir la renuncia de un mandatario cuyo lema de "Capitalismo para Todos" solo ha traído hambre y desabastecimiento de combustible. La respuesta estatal ha sido la "bazuca y la bala", permitiendo que grupos paramilitares como la Unión Juvenil Cruceñista actúen bajo el amparo de fuerzas combinadas para masacrar manifestantes en zonas como San Julián. Pero la resistencia tiene rostro de mujeres con pollera: las Bartolinas Sisa han denunciado que el gobierno intenta comprar conciencias mientras pisotea los símbolos de mando originarios, reafirmando que no habrá tregua hasta que se respete la soberanía sobre el litio y la tierra.
En Argentina, la crueldad institucionalizada ha dado un salto cualitativo con la reglamentación de la reforma laboral contenida en la Ley Bases. Este avance sobre derechos históricos no es un ajuste técnico; es una declaración de guerra contra la clase trabajadora que busca aniquilar la negociación colectiva y facilitar el despido sin causa. Paralelamente, el régimen de Javier Milei ejecuta un "cientificidio" sin precedentes: la toma de la sede central de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) por sus propios trabajadores es el grito de auxilio de un sector que ve cómo se desmantela el desarrollo atómico nacional para su futura privatización. El vaciamiento del INTI, el CONICET y el INTA —frenado parcialmente por fallos judiciales— busca convertir al país en una colonia exportadora de materias primas sin valor agregado, expulsando a miles de profesionales hacia un nuevo exilio.
Frente a esta "necromáquina", la respuesta popular en Argentina ha tomado formas diversas y potentes. La Semana de Ayuno y Oración encabezada por Adolfo Pérez Esquivel y las centrales obreras en Plaza de Mayo no fue un gesto de pasividad, sino una herramienta de "rebeldía de conciencia" para denunciar que el hambre es un crimen. Esa misma Plaza de Mayo fue el destino de la marcha del 3 de junio (3J), donde el grito de Ni Una Menos cumplió once años denunciando que el negacionismo oficial del gobierno es el combustible de los femicidios. El documento del 3J vinculó magistralmente la violencia machista con el saqueo del FMI, afirmando que nuestras vidas no pueden ser "desechables".
La ofensiva extractivista también encuentra muros de dignidad en los territorios. En Chubut, la memoria de la gesta de Gastre —a 30 años de frenar el basurero nuclear— actúa como un escudo ante los nuevos cateos de uranio que amenazan la meseta. En San Juan, organizaciones ambientalistas han acudido a la justicia para frenar el megaproyecto minero Vicuña, que pretende destruir un glaciar protegido bajo el amparo del cuestionado "Súper RIGI". Por su parte, la comunidad Diaguita de Las Pailas en Salta logró, mediante la movilización constante, que la justicia diera marcha atrás con un desalojo ilegal que pretendía entregar tierras ancestrales a terratenientes locales. Estas luchas confirman la tesis de la filósofa Katya Colmenares: el "Yo imperial" necesita la muerte del otre para afirmarse, pero la vida es, esencialmente, comunidad.
En el plano regional, Brasil muestra que es posible arrancar conquistas al capital incluso en contextos de crisis. El movimiento obrero y el colectivo "Vida Além do Trabalho" forzaron el debate para poner fin a la escala laboral de 6x1, denunciando una jornada infinita que destruye la salud mental. El MST, fiel a su tradición de lucha, lanzó su propia Inteligencia Artificial Campesina (IARA) para fortalecer la agroecología, demostrando que la tecnología en manos populares es una herramienta de liberación y no de vigilancia. Asimismo, la siembra de 43 millones de árboles por parte del movimiento es la respuesta material al "desierto verde" del agronegocio.
La soberanía de las naciones sitiadas también registra hitos de resistencia. Cuba, enfrentada a un bloqueo energético genocida que Washington intenta presentar como "intoxicación mediática", ha respondido con ciencia y cultura. La inauguración de nuevas unidades de oncología y el desarrollo de la vacuna HEBERSaVax contra tumores sólidos son bofetadas de dignidad frente a un imperio que sanciona incluso al presidente Díaz-Canel. La solidaridad internacionalista se manifestó en el III Encuentro de Medios Alternativos en Cartagena, donde 1.200 voces populares debatieron cómo romper el cerco informativo de la "fábrica de ovejas" hegemónica que busca que los de abajo se odien entre sí y dedicados a moldear cabezas para que el pobre se sienta culpable de su propia miseria.
Sin embargo, el panorama internacional sigue preñado de amenazas. Las elecciones en Perú y Colombia muestran democracias secuestradas por el Lawfare y el fraude fujimorista, mientras en Ecuador el gobierno de Noboa abre las puertas a tropas extranjeras con inmunidad total, hipotecando la soberanía territorial. El régimen de excepción en El Salvador, con más de 500 muertes bajo custodia, y el uso del Mundial 2026 como vitrina del autoritarismo trampista en Estados Unidos, revelan que el capitalismo no tiene fronteras para la opresión.
Este mensuario de @SinRegistro.ar es, por tanto, mucho más que un registro de noticias; es una herramienta para entender que la realidad no se presenta en puntos aislados, sino en procesos colectivos. Como señaló Gilmar Mauro, la lógica destructiva del capital ya no se frena con apelaciones morales: o construimos organizaciones ofensivas y una revolución política y social, o la humanidad corre riesgo de existencia.
Junio de 2026 nos deja el legado de Bea Lumpkin, la activista de 108 años que militó hasta su último suspiro, y de Edgar Morin, quien a sus 104 años seguía denunciando el genocidio en Gaza. Sus vidas nos enseñan que la esperanza no es una espera pasiva, sino una construcción material realizada con manos callosas y conciencia despierta. La tarea de este mes ha sido confirmar que el futuro se inventa en las grietas del despojo. Solo la unidad de les oprimides y la firmeza en la defensa de nuestra soberanía —desde el río Paraná que no se llama hidrovía hasta la wawa ancestral recuperada en el cerro Chañi— podrán parir el horizonte de libertad que nuestra América reclama. La lucha sigue, y este prólogo es apenas el comienzo de un nuevo capítulo de nuestra propia emancipación.
Mayo 2026 nos entrega una cartografía de la resistencia popular donde los cuerpos se plantan frente a la necropolítica del capital
Mayo de 2026 se inscribe en nuestra memoria colectiva como el mes de un insomnio compartido, un tiempo donde la geografía del Sur Global se encendió bajo el fuego de una dignidad que se niega a ser moneda de cambio. El diagnóstico que arrojan las páginas de este mensuario de @SinRegistro.ar es el de una crisis civilizatoria terminal, un escenario donde el capitalismo salvaje ha decidido quitarse la careta para mostrar su rostro más abyecto. La crueldad, convertida hoy en política de estado por las nuevas derechas transnacionales, intenta mercantilizar hasta el último suspiro de les trabajadores y el último gramo de soberanía de nuestras naciones. Sin embargo, lo que estas crónicas rescatan desde los márgenes no es el registro de una derrota, sino la bitácora de una invención colectiva que desafía la lógica del descarte y el silencio institucional.
En Bolivia, la situación alcanzó un punto de no retorno con una rebelión obrera, campesina e indígena que tiene al gobierno de Rodrigo Paz contra las cuerdas. Lo que comenzó como un reclamo sectorial se transformó en una insurrección de masas que exige la renuncia del mandatario ante un ajuste que asfixia a les de abajo. Los bloqueos de rutas, que llegaron a superar los 140 puntos en todo el territorio, son la respuesta contundente a decretos como el 5503 y la Ley 1720, herramientas diseñadas para facilitar el latifundio y el saqueo de tierras comunitarias. La indignación popular se nutre adicionalmente de denuncias sobre la importación de "gasolina basura" que destruye los motores de les transportistas y del racismo institucionalizado que intenta disciplinar a los pueblos originarios. Los "Ponchos Rojos" de la provincia de Camacho lanzaron un ultimátum definitivo, reafirmando que el poder reside en las bases y no en las cúpulas sindicales que intentan pactar a espaldas del pueblo. Resulta especialmente dolorosa la postura del presidente brasileño Lula da Silva, quien en una jugada de hipocresía diplomática expresó su solidaridad al gobierno represor de Paz, equiparando la violencia estatal con la legítima defensa de un pueblo que ya cuenta sus muertos en las calles.
Argentina, por su parte, atraviesa un "cientificidio" y un "sanitacidio" planificados por el régimen de Javier Milei para favorecer al gran capital financiero. El desguace sistemático del CONICET, el INTA y el INTI ya provocó la pérdida de más de seis mil puestos de trabajo de alta calificación, hipotecando la soberanía tecnológica del país por décadas. Sumado a esto, el cierre de hospitales universitarios y la parálisis del Banco Nacional de Datos Genéticos exponen un desprecio absoluto por la vida y la identidad. El "Súper RIGI" aparece aquí como el monumento a la entrega: un régimen de rendición incondicional que regala los bienes comunes a las multinacionales, eliminando incluso la obligación de contratar proveedores locales. No obstante, la resistencia florece en la cuarta Marcha Federal Universitaria, una marea humana que volvió a colmar las plazas del país para decir que la educación pública no se negocia. Conjuntamente, les trabajadores de la economía popular nucleados en la UTEP ganaron una batalla judicial clave para sostener el salario social, demostrando que la calle sigue siendo el único termómetro real de una democracia secuestrada.
En Brasil, el movimiento obrero arrancó una victoria histórica al capital con la aprobación del fin de la escala laboral 6x1. Esta conquista, impulsada por el movimiento "Vida Além do Trabalho", representa un golpe al modelo de explotación que agota la salud mental y física de las mayorías. Asimismo, la sanción de la ley que crea la primera Universidad Federal Indígena constituye un acto de reparación histórica tras siglos de exclusión sistemática. La defensa de la Mata Atlántica unifica ahora a quilombolas y pueblos tradicionales en una alianza estratégica contra la especulación inmobiliaria y el turismo depredador. Estos avances en el gigante sudamericano demuestran que la organización popular puede torcer el brazo del mercado incluso en contextos de asedio neofascista.
La soberanía de las naciones caribeñas enfrenta conjuntamente el recrudecimiento de la hostilidad imperial. El régimen Trump intensifica las medidas coercitivas contra Cuba, utilizando el cerco energético como una herramienta de genocidio silencioso para rendir a la Revolución por hambre y asfixia. La acusación fabricada contra Raúl Castro y las nuevas órdenes ejecutivas buscan quebrar la infraestructura vital de la isla. Frente a esta embestida, la ciencia cubana responde con la creación de la vacuna HEBERSaVax contra tumores sólidos, reafirmando que el conocimiento en manos del pueblo es una herramienta de liberación. La solidaridad internacionalista se materializa en el envío de toneladas de medicamentos por parte del MST y en campañas mundiales de recaudación impulsadas por la Vía Campesina. El abrazo musical entre Chico Buarque y Silvio Rodríguez en La Habana funciona como un recordatorio de que los sueños revolucionarios tienen versos que matan serpientes.
En Estados Unidos, el corazón del imperio también late en rebeldía. Las movilizaciones del Primero de Mayo bajo el lema "Trabajadores por encima de los multimillonarios" reunieron a sindicatos y activistas migrantes en una demostración de fuerza inédita. La lucha contra el "gerrymandering" racista en Alabama y las huelgas de hambre en los centros de detención de ICE en Newark y Michigan desnudan la crueldad de un sistema que esposa niños y sirve comida con gusanos a les oprimides. El régimen Trump desata adicionalmente una persecución macartista contra los grupos de solidaridad, pero el movimiento obrero estadounidense reclama hoy su día y su historia, vinculando la defensa de los derechos laborales con el fin de las guerras imperiales en Irán y Gaza.
La memoria activa constituye el suelo común donde se cimientan estas luchas. Al cumplirse 50 años de los secuestros de Raymundo Gleyzer y Haroldo Conti, sus figuras emergen no como víctimas pasivas, sino como combatientes cuya obra sigue siendo una brújula incómoda para el presente. En Argentina, estudiantes de secundaria produjeron investigaciones que hoy son pruebas judiciales en juicios de lesa humanidad, demostrando que la memoria no es un archivo muerto sino una herramienta de combate joven. En Chile, el acto por los 50 años de la desaparición de Elizabeth Rekas en el Metro de Santiago interpela a un estado que todavía debe verdad y justicia frente al negacionismo imperante.
Debemos comprender que la "filosofía a martillazos", esa que surge de la fragua de la necesidad, es la única capaz de desarmar los fantasmas creados por el poder. La verdadera democracia no se agota en el circo de las urnas; se construye desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en la organización de la olla popular, en la defensa del agua en Chubut o Piura, y en la recuperación de los sitios sagrados en Guanajuato. El terricidio que el capital ejecuta contra la naturaleza y los pueblos exige una respuesta que trascienda los marcos de la política institucional tradicional. Como señala la experiencia de la autonomía maya ch'ol en Tila, el autogobierno es un camino lleno de tensiones pero indispensable para sostener la dignidad colectiva.
Resulta urgente, entonces, recuperar el entusiasmo político frente a la "economía del goce" que nos propone el neoliberalismo, esa que autoriza el daño al otre como alivio para la precariedad propia. @SinRegistro.ar asume la responsabilidad de narrar esta insurgencia de los vivos, de documentar cada gesto de solidaridad que fisura el muro del individualismo. No somos números en una planilla de ajuste ni algoritmos de una plataforma de explotación; somos una comunidad que se reconoce en el dolor ajeno y en la voluntad inquebrantable de sanarnos colectivamente. La tarea consiste en encontrar esa única lucha común que nos unifique para defender la vida frente a la voracidad de los mercados. La esperanza no es una espera pasiva, sino una construcción material que se realiza con las manos callosas y la conciencia despierta. Solo la unidad de les oprimides y la firmeza en la defensa de nuestra soberanía territorial y simbólica podrán parir el horizonte de libertad que nuestra América reclama para dejar de ser el patio trasero de los imperios y convertirse, definitivamente, en territorio de vida.
Equipo de redacción, junio 2026.
Abril 2026 nos entrega una cartografía de la rabia organizada donde el Sur Global ensaya la supervivencia frente a la voracidad de los mercados
Abril de 2026 se inscribe en nuestra memoria colectiva como el mes donde la crueldad del capital dejó de esconderse bajo tecnicismos para mostrar su rostro más descarnado, pero conjuntamente fue el tiempo en que la insurgencia de les de abajo floreció con una fuerza inusitada. El diagnóstico que arrojan las crónicas de este mensuario de @SinRegistro.ar es el de un sistema aniquilador de la vida que intenta mercantilizar hasta el último suspiro de les trabajadores y el último gramo de hielo de nuestres glaciares. El capitalismo neoliberal, ese que Karl Marx describió como una maquinaria que nace empapada en sangre y barro, hoy se perfecciona mediante el extractivismo digital y la precariedad absoluta. Sin embargo, frente a este panorama de desolación, los pueblos de Nuestra América y del mundo han decidido que la resignación no figura en su diccionario político.
En Argentina, el escenario configurado por la gestión de Javier Milei es el de un "ferrocidio" y un "cientificidio" planificados para favorecer al gran capital transnacional. Las rutas patagónicas se encuentran bajo la nieve y el abandono institucional, con trabajadores de Vialidad Nacional denunciando despidos masivos e insumos que llegan a cuentagotas. Esta ofensiva contra lo público se replica en el Correo Argentino, donde la "patada libertaria" ya dejó a cientos de familias en la calle en provincias que, paradójicamente, fueron base electoral del oficialismo. Sumado a esto, el desguace del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y del INTI pone en riesgo no solo la soberanía productiva sino la seguridad misma de la población ante fenómenos climáticos extremos que el poder prefiere ignorar. La resistencia, no obstante, toma la forma de paros nacionales, carpas por la universidad y abrazos simbólicos que demuestran que la dignidad no tiene precio de remate.
La lucha por el trabajo digno se vuelve una cuestión de vida o muerte según el reciente informe de la OMS, que revela que el estrés laboral y las jornadas extenuantes asesinan a casi un millón de personas por año. El celular se convirtió en el nuevo capataz invisible y las aplicaciones de mensajería en el látigo de una esclavitud moderna que devora los cuerpos. Frente a esta "necromáquina", los sindicatos de la región despiertan. En Brasil, miles de personas tomaron la Avenida Paulista para exigir el fin de la escala 6x1, denunciando un modelo que agota la salud mental de la clase trabajadora. Asimismo, en Uruguay, el PIT-CNT planta bandera por la justicia fiscal, proponiendo gravar al uno por ciento más rico de la población para sostener la seguridad social ante el avance de las desigualdades.
El despojo territorial constituye otro eje central de este conflicto asimétrico. Los pueblos originarios enfrentan un doble saqueo: por un lado, la violencia física de los desalojos en el Wallmapu y en la meseta chubutense; por el otro, la expropiación digital de sus conocimientos ancestrales mediante sistemas de inteligencia artificial que operan sin consentimiento. La comunidad mapuche de Rgaliko vio sus rukas reducidas a cenizas por fuerzas policiales chilenas, en una acción que busca liberar tierras para el beneficio de grandes intereses económicos. Adicionalmente, en la Amazonía peruana, el fantasma de la mega represa Pakitzapango intenta resucitar en el Congreso, amenazando nuevamente el territorio asháninka. La defensa del agua se vuelve el grito de guerra en las calles porteñas y pampeanas, donde la sociedad civil se unió en la demanda colectiva más grande de la historia para frenar la reforma de la Ley de Glaciares que el lobby minero logró imponer en Diputados.
La soberanía de las naciones también se encuentra bajo el asedio de las potencias hegemónicas. Cuba atraviesa horas de definición frente al recrudecimiento del bloqueo genocida impuesto por Washington. El régimen Trump intensifica las medidas coercitivas para asfixiar la infraestructura energética de la isla, un castigo colectivo que afecta directamente a hospitales y escuelas. No obstante, el pueblo cubano responde con "resistencia creativa", activando redes de solidaridad internacional como el V Coloquio Patria, que transformó a La Habana en una trinchera contra la guerra mediática imperial. Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum desafía las presiones del norte afirmando que la solidaridad con Cuba no se negocia y manteniendo el flujo de ayuda humanitaria a pesar de las amenazas de aranceles del régimen Trump.
La salud pública se ha convertido en un campo de batalla contra el ajuste neoliberal. En Argentina, la falta de vacunas esenciales ya genera brotes de meningitis y enfermedades prevenibles que afectan principalmente a las infancias vulnerabilizadas. El vaciamiento del PAMI empuja a las jubiladas a encadenarse frente al Congreso para reclamar medicamentos que son, literalmente, su derecho a vivir. En Perú, el Estado condena a muerte a niñes intoxicados por metales pesados en zonas mineras, destinando apenas dos soles por cabeza para su atención. Frente a esta crueldad institucionalizada, la organización popular construye "pedagogías de la resistencia" en las escuelas y en los barrios, recordando que nadie se salva solo.
La memoria activa es el suelo común donde se cimientan estas luchas. Al cumplirse 49 años de las rondas de las Madres de Plaza de Mayo, el pañuelo blanco sigue siendo el faro que guía a las nuevas generaciones frente al avance de discursos negacionistas y neofascistas. En Brasil, el Movimiento Sin Tierra conmemora las tres décadas de la masacre de Eldorado do Carajás con ocupaciones masivas y marchas que reclaman una Reforma Agraria Popular capaz de democratizar el acceso a la tierra y al alimento. La historia no es un archivo muerto; es una herramienta de combate que nos permite recuperar figuras como Andresito Guasúrari o Toussaint Louverture para iluminar las resistencias del presente.
Finalmente, debemos comprender que la política no puede ser solo un cálculo racional o una gestión de las migajas del sistema. Como señala la autocrítica de Lula en la cumbre de Barcelona, el progresismo corre el riesgo de transformarse en "gerente de la miseria" si no cuestiona estructuralmente el modelo de acumulación neoliberal. La verdadera transformación nace de los afectos, de la capacidad de sentir el dolor del otre como propio y de la voluntad inquebrantable de sanarnos colectivamente. Los cuerpos que hoy se ponen frente a las topadoras en Mar del Plata o que marchan bajo la lluvia en Chile nos enseñan que el punto de partida para cualquier cambio real es la realidad contradictoria que habitamos. No existe otra salida que el encuentro sincero y la organización popular descentralizada. Intentar salvar este sistema que desprecia la vida sería tan disparatado como tirar un chancho de la cola. Solo la unidad de les oprimides y la solidaridad internacionalista podrán parir el horizonte socialista que nuestra América necesita para dejar de ser el "patio trasero" de los imperios y convertirse, definitivamente, en territorio de vida y libertad.
Equipo de redacción, junio 2026.
El Mensuario de marzo de 2026 registra la eclosión de una resistencia global que trasciende fronteras para defender los bienes comunes y la dignidad del trabajo.
Marzo de 2026 se inscribe en la historia como el mes donde la resistencia global dejó de ser un archipiélago de luchas aisladas para convertirse en un continente de voluntades coordinadas. El diagnóstico que arrojan las páginas de este mensuario es el de un capitalismo en crisis terminal que intenta perpetuarse mediante el neofascismo, la depredación ambiental y el desguace de los derechos laborales. Sin embargo, frente a esta maquinaria aniquiladora de la vida, los pueblos del Sur Global y los sectores postergados del Norte han comenzado a parir estrategias de autodeterminación que desafían la lógica del lucro cesante.
El epicentro de esta articulación tuvo lugar en Porto Alegre con la I Conferencia Internacional Antifascista, donde más de cuarenta países sellaron una hoja de ruta común contra la barbarie neoliberal. Allí se comprendió que la lucha contra el imperialismo ya no puede ser solo local; la solidaridad internacionalista se materializa hoy en el respaldo a la soberanía de Cuba, el rechazo al genocidio en Gaza y la defensa de la democracia en Venezuela. Esta ofensiva coordinada levanta banderas ecosocialistas y feministas, entendiendo que la unidad en la diversidad constituye la única respuesta posible a la decadencia del sistema.
En nuestra América, la defensa del territorio se ha vuelto un imperativo de supervivencia. En Argentina, la resistencia mapuche y las asambleas socioambientales han puesto en jaque la farsa de las audiencias públicas para reformar la Ley de Glaciares. Miles de personas se movilizaron bajo la consigna "hacer fila hasta que nos dejen hablar", denunciando que el gobierno pretende entregar las reservas de agua dulce a las corporaciones mineras mediante el cuestionado RIGI. Esta batalla por el agua se extiende a la Patagonia, donde las comunidades cordilleranas advierten que el patrimonio ambiental no es una mercancía negociable. Asimismo, en la cuenca del Paraná, una travesía fluvial épica recorre las riberas para denunciar el ecocidio que representaría profundizar el dragado para beneficio de las agroexportadoras extranjeras.
El despojo también encuentra muros de dignidad en el Amazonas. Las mujeres indígenas en Brasil mantienen ocupaciones contra los megaproyectos mineros de empresas canadienses, denunciando la contaminación de las aguas y la destrucción de sus modos de vida ancestrales. En Ecuador, el pueblo se levanta contra el régimen que ignora la voluntad popular expresada en las urnas para proteger el Yasuní, priorizando la extracción petrolera sobre la vida de los pueblos en aislamiento voluntario. Desde Cartagena, la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria lanzó un grito contra el "colonialismo verde", esa nueva máscara del despojo que utiliza mercados de carbono para continuar con el acaparamiento de tierras.
La ofensiva contra el trabajo se manifiesta con una virulencia inusitada, pero la clase obrera organizada inventa nuevas formas de lucha. Ante la amenaza de despidos masivos y la reforma laboral esclavista en Argentina, los trabajadores estatales de ATE activan paros "a la japonesa", intensificando su labor para evidenciar que su función es vital para la salud de la población. La resistencia en fábricas como Fate y Topper demuestra que el pueblo no se resigna a ser víctima de un experimento económico que privilegia la especulación sobre la producción. En Estados Unidos, la huelga en el gigante cárnico JBS, liderada por trabajadores inmigrantes, expone que la lucha por la dignidad humana no conoce fronteras idiomáticas ni migratorias.
La memoria activa constituye otra trinchera fundamental frente al avance negacionista. Al cumplirse cincuenta años del golpe genocida de 1976 en Argentina, una multitud histórica desbordó las plazas para exigir "que digan dónde están". Los organismos de derechos humanos, en una unidad sin precedentes, denunciaron la continuidad del plan económico dictatorial en la gestión actual de La Libertad Avanza. Cada identificación de restos en el ex centro clandestino La Perla representa un triunfo contra el olvido planificado y una reafirmación de que la búsqueda de justicia es un proceso ininterrumpido. La cultura y la universidad pública emergen aquí como espacios de construcción de memoria viva, resistiendo el vaciamiento presupuestario y la censura institucional.
La solidaridad Sur-Sur ha tejido puentes de esperanza allí donde el imperio intenta imponer muros de asfixia. México y los países del CARICOM desafían el bloqueo energético contra Cuba con envíos masivos de ayuda humanitaria y suministros de crudo. La llegada de la flotilla internacional "Granma 2.0" al puerto de La Habana, cargada de paneles solares y medicinas, es un mensaje político contundente: la resistencia colectiva puede fisurar los cercos más férreos. Esta alianza se fortalece en la Cumbre de la CELAC en Bogotá, donde se tejen rutas de libertad con el continente africano para transformar el legado colonial en proyectos de cooperación soberana.
Finalmente, la comunicación popular asume el desafío de romper la "necromáquina" informativa de los medios hegemónicos. El Tercer Festival Juntanza en Quito reunió a comunicadoras de toda la región para debatir sobre soberanía tecnológica y narrativas feministas, afirmando que sostener la palabra frente al poder es, en definitiva, sostener la vida. En un mundo donde los algoritmos y la inteligencia artificial se utilizan como herramientas de vigilancia y control social, la organización popular construye alternativas digitales libres y comunitarias.
Este mensuario no es solo un registro del horror; es, sobre todo, una cartografía de la esperanza insurgente. Las resistencias que aquí se narran demuestran que el futuro no se espera, se inventa desde las bases, con las manos callosas de quienes trabajan la tierra y el coraje de quienes no se arrodillan ante el mercado. Estamos en un tiempo de definiciones donde la única deuda legítima es con el pueblo. Frente a la democracia de minorías, la organización popular emerge como la alternativa real para construir una patria donde la vida sea el centro de toda decisión política.
Equipo de redacción, junio 2026.
Febrero 2026 confirma que la esperanza no es una espera pasiva, sino una construcción colectiva en las fisuras del capital.
Febrero de 2026 nos deja una cartografía del asedio pero también de la invención popular. El capital no descansa en su afán de convertir la existencia en un residuo monetizable. La dignidad surge como trinchera en múltiples latitudes del Sur global. No hablamos de gestos aislados; asistimos a una contra-narrativa material que desafía al cinismo institucional. Las crónicas de este mensuario desnudan la farsa de una democracia que se presenta como dictadura del mercado.
El despojo territorial constituye el eje del conflicto asimétrico que hoy desangra nuestras geografías. En Colombia, el movimiento campesino redefine la reforma agraria como una descolonización del territorio vivo. La tierra emerge como memoria colectiva y base de vida, no como una simple mercancía para el lucro corporativo. Los pueblos indígenas en México avanzan en el reconocimiento de su autogobierno desde la raíz comunitaria. En Brasil, las mujeres del MST organizan jornadas de lucha contra un agronegocio que profundiza el hambre y la violencia. La resistencia indígena logró en el gigante sudamericano que se revocara el decreto de privatización de hidrovías amazónicas tras un mes de ocupación heroica. Las comunidades demuestran que la organización colectiva puede torcer el brazo del poder, incluso cuando este se viste de rojo. Asimismo, el cuidado del agua se vuelve un imperativo de soberanía frente a la avanzada minera que amenaza los glaciares argentinos. La Iglesia y las asambleas ambientales denuncian que estos reservorios son catedrales de agua y no recursos económicos. El modelo extractivista sacrifica ecosistemas enteros en el altar del crecimiento infinito. La desaparición del 80% de la masa del Glaciar Alvear expone la crisis climática que el capital intenta negar.
La ofensiva contra el trabajo se manifiesta con una virulencia inusitada en la región. El Senado argentino sancionó una reforma laboral que desmantela protecciones conquistadas durante décadas. Esta normativa instaura sueldos de esclavitud bajo el discurso falaz de la creación de empleo. El industricidio avanza con el cierre de fábricas emblemáticas como Fate, dejando miles de familias en la calle. Las cúpulas sindicales tradicionales suelen quedarse en la media tinta ante la prepotencia patronal. No obstante, un centenar de gremios desobedece a la burocracia para tomar las calles frente al Congreso. El Frente de Sindicatos Unidos lidera la resistencia con la convicción de que la calle es el único termómetro de un pueblo que resiste. En India, la magnitud de la lucha alcanza dimensiones históricas con 300 millones de trabajadores y campesinos en huelga general. Esta movilización constituye una respuesta contundente a los códigos laborales que buscan facilitar despidos en beneficio de las corporaciones. La alianza obrero-campesina emerge como el principal dique contra el avance de la riqueza concentrada. Igualmente, en Uruguay, la justicia asesta un golpe al modelo de las aplicaciones digitales al obligar a Uber a reconocer derechos laborales básicos. El fallo desnuda la hipocresía de un sistema que externaliza costos y riesgos conjuntamente con la concentración de ganancias.
La soberanía de las naciones pequeñas enfrenta el asedio constante de las potencias hegemónicas. Cuba atraviesa su momento más crítico en seis décadas de revolución bajo un bloqueo petrolero brutal. El régimen Trump intensifica las medidas coercitivas para asfixiar la infraestructura energética de la isla. Esta política de máxima presión constituye un castigo colectivo que afecta servicios vitales como la salud y la educación. Frente a la asfixia, el pueblo cubano responde con resistencia creativa y el despliegue de paneles solares en servicios esenciales. La solidaridad internacionalista se organiza desde diversos frentes continentales para romper el cerco. Los petroleiros brasileños exigen el envío de combustible a la isla invocando la autodeterminación de los pueblos. México mantiene el envío de ayuda humanitaria y suministros de crudo a pesar de las amenazas de Washington. Una flotilla humanitaria internacional se prepara para zarpar con alimentos y medicinas, desafiando el unilateralismo estadounidense. Estas acciones demuestran que la verdadera integración se construye desde abajo, con cooperación en lugar de sanciones. África también alza su voz en una condena histórica al bloqueo, afirmando el derecho de las naciones a mantenerse erguidas.
La batalla por las mentes y los cuerpos se libra hoy en las aulas y las cárceles. En Brasil, la expansión de las escuelas militarizadas revela una estrategia política reaccionaria más que pedagógica. Este modelo transforma la educación en mercancía y moldea la escuela para que quepan solo quienes se ajustan a la rigidez. En Argentina, el gobierno apura un régimen penal juvenil que criminaliza a adolescentes de sectores populares bajando la edad de imputabilidad. El Estado abandona su rol protector para convertirse en un aparato represor que recuerda los peores momentos de la doctrina de seguridad nacional. Los trabajadores del INTI claman por la defensa de las escuelas técnicas como inversión en soberanía productiva. Simón Rodríguez nos enseñó que la educación popular debe formar ciudadanos para una libertad aún no alcanzada. Su legado nos desafía a inventar nuestras propias instituciones antes que errar imitando modelos ajenos. La cultura también sufre el corsé de la censura, como se vio en el Comité Olímpico Internacional contra la historia haitiana. La murga uruguaya Doña Bastarda enfrentó intentos de silenciamiento por denunciar el genocidio en Palestina. Sin embargo, el arte sigue siendo una herramienta de cohesión social y memoria viva.
La memoria argentina florece en resistencia cuando se cumplen cincuenta años del golpe genocida de 1976. La campaña "Florecerán pañuelos" siembra símbolos de las Madres y Abuelas en cada rincón del país. Las nuevas generaciones se sienten interpeladas emocionalmente y buscan ser protagonistas en la construcción de la verdad histórica. Ana Iliovich nos recuerda que la búsqueda de justicia es interminable y que la palabra organiza el dolor para hacerlo comunidad. Los libros de hijos e hijas de los setenta indagan en sueños, fantasmas y huesos para enfrentar el sinsentido del horror. James Petras nos dejó un legado intelectual que unió la academia con las luchas de los desposeídos. Osvaldo Bayer sigue siendo el faro que rescató del olvido las luchas de los de abajo. Alí Primera continúa latiendo con su canción militante que empuja el sol para acercar la madrugada. Estos nombres son conjuros contra el fascismo y el olvido.
El sistema neoliberal nos propone un espejo roto donde la solidaridad parece una mercancía y los derechos se negocian como acciones bursátiles. La política institucional funciona a menudo para reproducir privilegios antes que para transformarlos. Los cristales rotos multiplican la luz si sabemos mirarlos con conciencia de clase. La organización popular construye desde abajo, ajena a los pactos de oficina y los salones alfombrados. Estamos en un tiempo de definiciones donde el futuro no se refleja, se inventa. La tarea consiste en encontrar esa única lucha común que nos unifique para defender la vida frente a la voracidad del capital. Somos millones de trabajadores y trabajadoras frente a una minoría burguesa que nada puede sin nosotros. La utopía sirve para caminar y, en ese trayecto, la rebeldía colectiva es la única garantía de soberanía sobre nuestro propio destino.
Equipo de redacción, junio 2026.