A principios de mayo, las comunidades andinas celebraron el Chakana Raymi, una ceremonia que honra la Cruz del Sur como eje cósmico y calendario agrofestivo. En Buenos Aires, el Ayllu Minkakuy Tawaintisuyupaj realizó ofrendas en el Parque Los Andes y en la Comunidad de Tres Ombúes, un espacio en plena resistencia territorial en La Matanza. Rumi Ullpu Sardinas, del pueblo quechua, explicó que la Chakana es un puente —"chaca" significa puente— que conecta tres planos de existencia: el ukhu pacha (mundo subterráneo de semillas y raíces), el kay pacha (el aquí y ahora, con animales como el puma y las vicuñas) y el hanan pacha (el mundo superior del florecimiento, el cóndor y el colibrí).
La celebración no es un mero ritual folclórico. Es una herramienta de descolonización activa. Mientras Occidente impone un calendario lineal que no rige en el hemisferio sur, los pueblos andinos mantienen su propio sincronario basado en la observación de las estrellas, el Sol, la Luna, la Tierra y el agua. La Chakana aparece en telares, tejidos y piedras, como una marca viva de identidad. Para Rumi Ullpu, mirar al cielo como hacían los Qhawasiris (observadores ancestrales) es también un acto político: recuperar el tiempo propio frente al extractivismo y la destrucción territorial.
En tiempos donde el despojo avanza sobre territorios indígenas en Mendoza y otras provincias, celebrar la Chakana Raymi es reafirmar que el Sumaq Kawsay —el Buen Vivir— no es una reliquia del pasado, sino una guía vigente. Las comunidades lo saben: la conexión con la tierra, el agua y el cosmos no se negocia. La Chakana sigue siendo ese puente que une lo de abajo con lo de arriba, lo ancestral con lo que aún está por florecer.