Hay películas que no se conforman con contar una historia: necesitan interpelar al espectador desde el territorio. Guerra de verano, la nueva obra de la directora chilena Alicia Scherson, es una de ellas. La cinta, una coproducción con participación argentina que competirá en el prestigioso Festival de Tribeca a partir del 3 de junio, según informó GPS Audiovisual, se presenta como un cruce de sensibilidades que trasciende lo meramente narrativo para instalarse en el campo de lo sensorial y lo político.
Scherson, en una entrevista con Latam Cinema, explicó que la película nace de una necesidad personal de explorar cómo las violencias históricas se filtran en lo cotidiano, incluso en espacios que parecen ajenos a todo conflicto. La directora no busca respuestas cerradas, sino más bien abrir preguntas sobre la convivencia, el silencio y lo que queda después de las tormentas —metafóricas y literales— que arrasan con todo.
En paralelo, el actor y cineasta Lux Pascal, en declaraciones recogidas por Yahoo Vida y Estilo, reivindicó el vínculo entre el cine y la literatura como herramientas para procesar realidades complejas. Pascal, quien participa del proyecto, señaló que el cine latinoamericano tiene una deuda con la memoria colectiva, y que Guerra de verano se inscribe en esa tradición de obras que no temen mirar de frente las grietas del tejido social.
Lo interesante de esta coproducción es que no se agota en su trama. La película funciona como un dispositivo estético donde el paisaje —los veranos abrasadores, los espacios vacíos, las casas que alguna vez fueron hogar— se convierte en personaje. Scherson construye una atmósfera que recuerda más a la pintura de paisaje que al cine de género, y en esa decisión radica su potencia artística.
Lejos de competir por el aplauso fácil o la taquilla, Guerra de verano apuesta por lo colectivo: por una mirada que cruza fronteras (Chile, Argentina, el mundo) para decirnos que la guerra no siempre es ruido; a veces, es el silencio más incómodo. Y que el arte, cuando se toma en serio su responsabilidad, puede ser el único campo de batalla que vale la pena habitar.