LA SERVIDUMBRE QUE NO TERMINA DE NOMBRARSE: MILES DE NIÑAS ENTREGADAS AL TRABAJO DOMÉSTICO EN JUJUY
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LA SERVIDUMBRE QUE NO TERMINA DE NOMBRARSE: MILES DE NIÑAS ENTREGADAS AL TRABAJO DOMÉSTICO EN JUJUY

(★) .- Un libro de reciente publicación destapa una práctica colonial que persiste en el norte argentino, mientras el poder político actual la reivindica como bandera.

La docente y psicóloga social Miriam Morales acaba de publicar Niñas sirvientas, un trabajo editado por Ediciones Tiraxi que expone una realidad incómoda: en Jujuy, y en todo el interior del país, miles de niñas de 4, 5 y 8 años son entregadas por sus propias familias a hogares donde deben realizar tareas de cuidado y domésticas a cambio de techo, comida, vestimenta y, en algunos casos, la posibilidad de ir a la escuela. La investigación, realizada en el marco de una tesis de la Universidad Nacional de Tucumán y publicada por la Universidad Nacional de Jujuy, no surgió de un interés abstracto: Morales vivió tres décadas en la provincia y conoció de cerca, a través de amigas, compañeras y de su trabajo en alfabetización en comedores comunitarios, a muchas mujeres que atravesaron esta experiencia desde la infancia. No es un caso aislado, sostiene la autora: son miles, y la repercusión del libro lo confirma, porque mucha gente se acerca a decir que esa es la historia de su madre, de su abuela o la propia.
La práctica no tiene un nombre claro en el presente. Se la disimula con expresiones como la chica que me ayuda en casa o muchacha cama adentro, pero se trata de trabajo infantil en condiciones de servidumbre. Morales señala que esta modalidad tiene un origen colonial: surgió cuando los conquistadores tomaron las tierras y sometieron a la población a trabajo forzoso, incluyendo a las niñas en tareas domésticas. Esa herencia, lejos de extinguirse, se ha ido adaptando a los tiempos actuales y convive con el sistema capitalista, que encuentra en estas formas de explotación una manera funcional de resolver el trabajo de cuidado sin costo salarial. La autora recuerda que cuando en Naciones Unidas se votó declarar la trata y la esclavitud como crímenes de lesa humanidad, el gobierno de Milei, Estados Unidos e Israel votaron en contra, y 53 países se abstuvieron, lo que abre la pregunta incómoda sobre qué rédito económico existe detrás de estas formas de trabajo servil en plena era del desarrollo tecnológico.
Las heridas que deja esta experiencia son profundas y se inscriben en la subjetividad de las mujeres que la padecieron. La situación traumática de ser entregada sin entender por qué, la frase que se repite durante toda la vida de ¿por qué mi mamá me entregó a los patrones?, la imposición de una identidad que muchas veces incluye el cambio de nombre o el corte de trenzas por considerarlas signo de suciedad, marcan una relación desigual de poder atravesada por clase, género, etnia y edad. Sin embargo, Morales también encontró en todos los casos una dimensión de lucha y resistencia en relación a la identidad. La naturalización de esta práctica es social y abarca a empleadores, familias y a las propias víctimas, pero la autora advierte que lo que está oculto es que el país, aunque capitalista, es dependiente y conserva rasgos feudales que se reflejan en la política y en la vida cotidiana.
El contexto actual agrava el panorama. Mientras los sectores dominantes, como los Venegas Lynch, reivindican el trabajo infantil como algo positivo que fomenta la cultura del trabajo, el presidente Milei regaló a su gabinete el libro Defendiendo lo indefendible de Walter Block, que justifica la trata y la explotación de menores. Morales vincula estas posturas con un modelo neocolonial que busca apoderarse de la tierra y expulsar a sus habitantes para someterlos a formas de explotación que produzcan dolor y ganancia. Frente a esto, la autora destaca que recién ahora se empieza a hablar del tema: el año pasado, en el Encuentro Plurinacional de Mujeres, se realizó por primera vez un taller sobre servidumbre doméstica y niñas sirvientas, y en Jujuy la multisectorial de mujeres y disidencias impulsa un proyecto de ley de reparación para quienes vivieron esta situación. La sanación, dice Morales, es una construcción colectiva, y lo primero es poder ponerlo en palabras, sacarlo del silencio y la vergüenza. El libro, que se presenta este viernes en La Plata, busca ser una puerta para que muchas más voces hablen en primera persona y para que la sociedad deje de mirar para otro lado frente a una práctica que sigue vigente.