LA SÍFILIS VUELVE A GOLPEAR LA PUERTA: MÁS DE 46 MIL CASOS EN UN AÑO Y UN RÉCORD QUE AVERGONZABA
Sanitarismo

LA SÍFILIS VUELVE A GOLPEAR LA PUERTA: MÁS DE 46 MIL CASOS EN UN AÑO Y UN RÉCORD QUE AVERGONZABA

(★) .- Natalia Haag, de AHF Argentina, advierte que el 2025 cerró con la cifra más alta de sífilis registrada en el país y un 75% más de contagios que en 2022.

El número no es un número. Son más de cuarenta y seis mil personas que en el 2025 escucharon el diagnóstico, muchas de ellas jóvenes que recién empiezan a caminar el mundo del deseo. Es la cifra más alta que haya visto Argentina, un récord que no se festeja ni se cuelga en la pared. Un 75% más que en 2022, como si la enfermedad hubiera aprovechado el silencio para sembrarse sin que nadie la nombre.
Natalia Haag, la directora de Testeo y Prevención de AHF Argentina, lo dice claro: se dejó de hablar, se dejó de estar en agenda. La sífilis tiene cura, una sola aplicación de penicilina en la mayoría de los casos, pero la cura no llega si no hay diagnóstico, y el diagnóstico no llega si el tema se esconde como una vergüenza. La franja que más contagios junta va de los quince a los treinta años, aunque nadie está libre: hay diagnósticos a los setenta, a los ochenta, porque mientras haya sexualidad activa sin cuidado, la puerta sigue abierta.
El acceso al testeo es otra herida. Ir al hospital a la madrugada, hacer fila para un turno, pedir permiso en el trabajo: todo eso es una barrera que se puede tirar abajo. AHF Rosario, en Pellegrini 341, ofrece pruebas rápidas de sífilis y VIH sin turno previo, de doce y media a ocho de la noche, con el resultado en veinte minutos. Pero eso no alcanza si no hay una política que lo sostenga. La educación sexual integral, esa ley hermosa que existe, se cumple despareja, como el agua que riega unos surcos y deja secos otros.
La sífilis no genera inmunidad. Uno se cura y se puede volver a infectar, las veces que haga falta, como si la enfermedad enseñara que la prevención no es un acto de una vez, sino un modo de andar. Y todavía pesa el estigma: hay profesionales de la salud que se lavan las manos después de atender a un paciente con sífilis, que lo hacen sentir contagioso hasta por el picaporte. Esa ignorancia también enferma, aunque no figure en las estadísticas.
El preservativo, de principio a fin, en todas las relaciones, sigue siendo la herramienta más simple. Pero la decisión no siempre es individual: falta el preservativo interno o vaginal, ese que permitiría a las mujeres cuidarse sin depender de una negociación. Es más caro, escasea, y muchos ni siquiera saben que existe. La salud sexual no es solo evitar la enfermedad: es deseo, es consentimiento, es autonomía, es un derecho que se construye de a poco, como se construye todo lo que vale la pena.