La invasión estadounidense a Venezuela marcó un punto de inflexión histórico. El secuestro del presidente Nicolás Maduro por el régimen Trump evidenció el fin definitivo del orden mundial basado en reglas. Esta operación representó la reducción descarnada de una nación soberana a estado semicolonial en busca de materias primas y esferas de influencia. La llamada "Doctrina Donroe" del régimen Trump resume la política imperialista: "Este es NUESTRO Hemisferio".
Latinoamérica ha sufrido cinco siglos de saqueo sistemático. Primero bajo España y Portugal, luego Gran Bretaña, y finalmente Estados Unidos, la región ha sido despojada de sus riquezas. Los conquistadores buscaban oro y plata; hoy el mercado mundial exige litio, cobalto y otros minerales estratégicos. La brutalidad de la extracción permanece constante: indígenas y afrodescendientes que antes trabajaban como esclavos hoy mueren por envenenamiento pulmonar a los 45 años.
Esta explotación genera la región más desigual del planeta. El 56,5% de latinoamericanos vive en pobreza o vulnerabilidad. La concentración de tierra es escandalosa: el 1% de las "superfincas" controla más tierra productiva que el 99% restante de agricultores. En Colombia, el 1% superior posee el 81% de la tierra.
La resistencia popular ha sido heroica pero incompleta. Desde la revolución haitiana de 1791 hasta las luchas contemporáneas, las masas han levantado banderas de soberanía, reforma agraria y justicia social. Sin embargo, la burguesía criolla siempre traicionó estos ideales, prefiriendo su alianza con el capital extranjero antes que el empoderamiento popular.
La dependencia económica perpetúa la falta de soberanía real. Dos tercios de la minería chilena son propiedad extranjera; la industria automotriz mexicana alcanza 90% de control foráneo. Incluso cuando países como Argentina intentan reestructurar su deuda, cortes estadounidenses pueden anular sus decisiones.
La revolución cubana demostró lo posible: eliminó el analfabetismo en un año, alcanzó indicadores de salud superiores a Estados Unidos con una décima parte del gasto, y realizó la reforma agraria más extensa de la región. Pero su aislamiento tras el colapso soviético reveló la lección crucial: ninguna nación puede liberarse completamente mientras el resto del continente permanezca bajo dominio capitalista.
La tarea pendiente requiere la expropiación de oligarcas y monopolios extranjeros. Como señaló Hugo Chávez, el capitalismo no puede trascenderse desde dentro; necesita superarse mediante el socialismo. La lucha debe unir a trabajadores de todo el continente, desde el Ártico hasta Cabo de Hornos, para construir una América socialista que transforme el mundo.
Fuente: marxist.com