GLOBALIZAR LA LUCHA, GLOBALIZAR LA ESPERANZA
Organización y Lucha

GLOBALIZAR LA LUCHA, GLOBALIZAR LA ESPERANZA

(★) .- El campesinado hondureño vuelve a las calles en una jornada histórica de resistencia continental.

Bajo la consigna que sintetiza una estrategia de época, las organizaciones campesinas e indígenas de Honduras se movilizaron este 17 de abril, Día Internacional de la Lucha Campesina. La fecha conmemora la masacre de Eldorado dos Carajás en Brasil, donde 19 trabajadores rurales fueron asesinados en 1996, transformando el dolor en memoria organizada y lucha colectiva. Rafael Alegría, histórico dirigente de Vía Campesina, explica que esta jornada representa "una fecha histórica de lucha de transformación, de unidad, de revolución en nuestro continente de América Latina y el mundo entero".
La movilización hondureña adquiere especial relevancia en un contexto donde el gobierno analiza endurecer el delito de usurpación, una medida que criminalizaría aún más la lucha por la tierra. Las actividades comenzaron el jueves 16 con una concentración campesina indígena en la capital y se replicaron en varias regiones del país, coordinándose con acciones similares en toda Centroamérica y América Latina.
La lucha trasciende lo sectorial para convertirse en una discusión sobre el modelo de sociedad. El programa campesino mantiene plena vigencia: reforma agraria integral, soberanía alimentaria, acceso a bienes naturales, democracia participativa, comercio justo y control popular de ciencia, tecnología y recursos financieros. Hoy la disputa por la tierra ya no se limita a desalojos y despojos, sino que se manifiesta en el acceso a tecnologías, semillas, patentes, crédito y cadenas de distribución.
La soberanía alimentaria implica que los pueblos decidan qué alimentos necesitan y cómo producirlos, reconociendo el alimento como bien social y derecho humano universal, no subordinado a corporaciones transnacionales. No basta producir más si eso ocurre a costa del hambre, la concentración de tierra o el endeudamiento de quienes producen. El despojo de una comunidad campesina significa también el despojo de una forma de producir alimentos, de una relación con el agua, el monte, la semilla y el trabajo colectivo.
Frente a un capital que actúa a escala global, las respuestas aisladas resultan insuficientes. La defensa de la tierra exige coordinación, unidad y programa. A treinta años de la masacre de Carajás, las organizaciones reafirman que el alimento no puede quedar en manos de quienes lo conciben únicamente como negocio. La tierra, la semilla, el agua, la ciencia y la tecnología deben estar al servicio de los pueblos, no de quienes buscan controlar el ciclo completo de la vida para maximizar ganancias.