CARNE ENVENENADA: LO QUE CHILE Y CHINA RECHAZAN, NOSOTRES COMEMOS
Política Neoliberal

CARNE ENVENENADA: LO QUE CHILE Y CHINA RECHAZAN, NOSOTRES COMEMOS

(★) .- La desregulación neoliberal pone en riesgo la salud pública y las exportaciones argentinas.

China acaba de rechazar 22 toneladas de carne argentina por detectar cloranfenicol, un antibiótico prohibido desde 1995. Este episodio se suma al rechazo previo de Chile, que ya había suspendido importaciones por cambios en los controles sanitarios. La pregunta que estalla es brutal: si los mercados más exigentes del mundo rechazan nuestra carne por contaminación, ¿qué estamos comiendo nosotres en el mercado interno?
El cloranfenicol está prohibido en la ganadería argentina por sus graves riesgos para la salud humana, aunque se sigue usando en medicina bajo estrictas condiciones. Su detección en carne para exportación representa una infracción gravísima que expone las grietas del sistema sanitario. Las autoridades hablan de "falso positivo" o "contaminación cruzada", pero el daño comercial ya está hecho.
El problema tiene raíces profundas en la política de desregulación impulsada por el gobierno. El SENASA, con una estructura reducida por recortes, eliminó el registro obligatorio de empresas certificadoras, un mecanismo clave para garantizar trazabilidad. Esta flexibilización regulatoria interna choca frontalmente con las exigencias crecientes de los mercados internacionales.
China concentra 458.360 toneladas de las 654.800 exportadas por Argentina, siendo nuestro principal comprador. Cualquier restricción sanitaria no solo afecta volúmenes, sino que puede disparar aranceles del 12,5% al 55% si se superan los cupos establecidos. El impacto económico es monumental.
La tensión regulatoria expone una dinámica perversa: menos controles internos frente a mayores demandas externas. Los países importadores refuerzan su capacidad de condicionar el comercio a través de exigencias sanitarias, mientras Argentina necesita sostener confianza para mantener acceso a mercados estratégicos.
Reflexionemos sobre lo que realmente significa esta noticia. No se trata solo de dólares perdidos o relaciones comerciales dañadas. Hablamos de un modelo que prioriza la desregulación por sobre la salud pública, que relaja controles en un sector estratégico y que expone a la población a riesgos sanitarios. Si la carne que exportamos no cumple con los estándares internacionales más básicos, ¿qué garantías tenemos sobre lo que llega a nuestras mesas? La respuesta duele: ninguna. El neoliberalismo sanitario nos envenena literalmente.