Pau Blanes no duerme mucho estos días. Integra la comisión organizadora del 39 Encuentro Plurinacional y anda de asamblea en asamblea, de plenaria en plenaria. Quedan treinta días. La mochila ya está lista y el viaje se hizo largo. Córdoba está en el centro del país y eso juega a favor de que lleguen compañeras de todos lados.
Las inscripciones siguen abiertas. Cuestan ocho mil pesos y hay una tarifa solidaria para quienes pueden poner un poco más. Ese aporte sostiene lo que el Estado no cubre: los baños, la limpieza, la recolección de residuos, los escenarios. La comisión organizadora gestiona permisos y algunos servicios con el municipio y el gobierno provincial, pero el grueso de la estructura se financia con el aporte de cada una. El formulario está en el Instagram del encuentro, en 39encuentropluri. Ya cerró el pedido de alojamiento en escuelas, que es gratuito y se coordina con el Estado local.
En Córdoba esperan entre 140 y 150 mil personas. Es un número grande. La ciudad es grande y la provincia también. Por eso andan recorriendo barrios populares, organizaciones comunitarias, localidades del interior que quedan cerca pero que no siempre tienen cómo llegar. El entusiasmo aparece cuando una escucha hablar del Pluri por primera vez. Las que ya fueron saben que ninguna vuelve igual.
Los talleres son el corazón del encuentro. Funcionan durante tres sesiones de tres horas: sábado a la tarde, domingo a la mañana y domingo a la tarde. No hay nadie que dicte. Una modera la palabra, otra toma notas, y lo que circula son experiencias, pareceres, dolores, rabias, propuestas. Este año discuten cómo nombrar los temas. El movimiento feminista enseñó que nombrar es politizar. Todavía no hay listado definitivo, pero sí ejes claros: las amenazas a la ESI y a la ley de interrupción voluntaria del embarazo. En Córdoba participan madres y familiares de víctimas de gatillos fáciles, así que la violencia estatal, la represión y la criminalización de activistas también estarán en la mesa. Y las soberanías.
Hubo casi 120 talleres en el encuentro anterior. Demasiados. La idea es reducir la cantidad para ganar profundidad, unificar las luchas, mirar las causas estructurales que atraviesan las desigualdades. No es tarea fácil. Lleva tiempo cocinarlo, acordarlo, que quede listo para compartir.
Córdoba tiene fama de conservadora. Blanes lo dice sin vueltas. Reconoce que hasta hace poco reinaba la desmovilización y una sensación de desesperanza. El Pluri movió la estantería. Puso a trabajar a muchas que venían desencontradas. Hay comisiones de cuidados colectivos, de accesibilidad, debates sobre alimentación y soberanía. También hay disensos, conflictos. Eso es parte de la construcción política.
“Ninguna vuelve igual después de participar de un Pluri”, dice Pau.