El gobierno de Lula firmó el decreto que desapropia el área de la Comuna de la Tierra Irmã Alberta, en la región de Perus, entre el municipio de Santana de Parnaíba y el Pico do Jaraguá. La medida pone fin a una espera de 24 años de las familias del MST y allana el terreno para la creación del asentamiento, una conquista que la comunidad festeja este sábado.
El territorio se construyó a lo largo de dos décadas y media de organización colectiva y se volvió una referencia en producción agroecológica, preservación ambiental, cultura y educación popular. Las familias producen alimentos sin agrotóxicos, comercializados a través de redes solidarias y destinados también a los bancos de alimentos de la ciudad de São Paulo. El dirigente del MST-SP destaca el carácter épico de resistir tanto tiempo dentro de una de las mayores ciudades del mundo: el lugar iba a ser transformado en un lixão, y sin embargo la lucha logró preservar toda la vegetación y recuperar varias nacientes de agua. Esa historia de resistencia, sostiene, valió la pena, porque convirtió el área en un espacio de sobrevivencia y cuidado ambiental no solo para las familias que viven allí, sino para toda la población paulistana.
Además de la producción de alimentos, la comuna alberga espacios de formación política, teatro, ciranda para las infancias y actividades culturales. En los últimos años, la regularización del área se convirtió en una de las principales reivindicaciones del MST en São Paulo. En marzo pasado, el movimiento lanzó un Comité en Defensa de la Comuna Irmã Alberta para ampliar la movilización por la desapropiación y presionar a los poderes públicos por la regularización definitiva del territorio.
Formalmente perteneciente a la Sabesp, el área fue objeto de sucesivas acciones de reintegración de posesión. En 2023, una nueva ofensiva judicial de la compañía motivó manifestaciones en defensa de la permanencia de las familias. El terreno, de unas 100 hectáreas, había sido destinado a funcionar como una especie de basural. Fue ocupado en julio de 2002, a partir de una articulación junto a la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), con el apoyo de la religiosa Irmã Alberta Girardi, fallecida en 2018 a los 97 años, quien da nombre a la comuna.
La firma del decreto no es solo un trámite administrativo: es el reconocimiento de que la permanencia organizada, la producción sana y el cuidado de los bienes comunes pueden torcer el destino que el poder económico había reservado para ese suelo. La victoria de estas familias demuestra que la reforma agraria sigue siendo una deuda que se salda con ocupación, memoria y fiesta popular.