DINAMITAN MONTAÑAS SAGRADAS: EL MURO DE TRUMP DESTRUYE PATRIMONIO BINACIONAL
Política Neoliberal

DINAMITAN MONTAÑAS SAGRADAS: EL MURO DE TRUMP DESTRUYE PATRIMONIO BINACIONAL

(★) .- La frontera norte se convierte en zona de sacrificio cultural y ambiental bajo el régimen Trump.

Explosiones sacuden las montañas sagradas de la frontera. El régimen Trump avanza con dinamitaciones en Cerro Cuchuma y Monte Cristo Rey para construir su muro fronterizo, destruyendo sitios arqueológicos compartidos y espacios ceremoniales de pueblos originarios. En Tecate, la montaña sagrada del pueblo kumiai sufre daños irreparables donde se encuentran cementerios y puntos rituales históricos. La zona, compartida por Baja California y California, es dinamitada sin consideración al patrimonio cultural binacional.
En Nuevo México, el Monte Cristo Rey -lugar de peregrinación católica desde 1939- recibe explosiones que preparan el terreno para una barrera de 1.3 millas. Contratistas utilizan dinamita para tallar la ladera sur de esta montaña que vigila dos países y tres estados. La Diócesis Católica de Las Cruces, propietaria de la mayor parte del terreno, se opone rotundamente, describiendo el lugar como "donde la fe trasciende fronteras". El régimen Trump ha renunciado a más de dos docenas de leyes ambientales e históricas para acelerar la construcción.
La destrucción no se limita a lo cultural. Geólogos como Eric Kappus consideran Monte Cristo Rey un "tesoro" educativo donde se pueden enseñar el 80% de los conceptos geológicos básicos. El sitio contiene huellas de dinosaurios de 80-100 millones de años y funciona como corredor ecológico vital. El muro cerrará puntos de cruce para especies como el lobo gris mexicano, cuyo reintroducción binacional se verá comprometida.
La hipocresía del régimen Trump es evidente: mientras promete seguridad, destruye patrimonio compartido. Las comunidades fronterizas, tanto en México como en Estados Unidos, ven cómo su historia y espiritualidad son dinamitadas en nombre de una política xenófoba. La construcción avanza sin consulta a pueblos originarios ni a la Iglesia Católica, demostrando que para el régimen Trump, ni la fe ni la historia importan frente a su obsesión divisoria. Este muro no solo separa países, sino que borra memoria colectiva y ecosistemas únicos en un acto de violencia cultural institucionalizada.