Se cumplen dos años de una de las masacres más brutales contra el colectivo LGTBIQ+ en Argentina. El 6 de mayo de 2024, Fernando Justo Barrientos incendió la habitación de un hotel familiar en Barracas donde vivían dos parejas de lesbianas. Pamela Cobbas, Roxana Figueroa y Andrea Amarante murieron calcinadas. Sofía Castro Riglos, la única sobreviviente, carga con las marcas físicas y emocionales de esa noche de terror.
El juicio oral comenzará el 18 de mayo en el Tribunal Oral en lo Criminal N°5 de la Ciudad de Buenos Aires. Las tres querellas buscarán que el crimen sea calificado como lesbicidio y femicidio, sentando un precedente judicial clave. "Fue un ataque dirigido a matarlas por su percepción como lesbianas", sostuvo Luciana Sánchez, abogada de Sofía. Vecinos del hotel declararon que Barrientos llamaba "engendros" y "tortas" a las víctimas antes del ataque.
El contexto político agrava la lectura del caso. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio, 2025 fue el año más violento para la comunidad LGTBIQ+ en una década, con 227 crímenes por orientación sexual, un 62% más que el año anterior. "Los discursos de odio desde las más altas esferas del Estado no son inocuos", advirtió la activista María Rachid. La masacre de Barracas no fue un hecho aislado: es la punta del iceberg de una violencia estructural que el sistema neoliberal y sus narrativas patologizantes alimentan a diario. Que la justicia nombre el odio sería un primer paso para que ninguna Pamela, Roxana o Andrea quede en el olvido.