El pulso político en Ecuador se tensa. Organizaciones sociales, sindicales y movimientos indígenas han anunciado su respaldo al proceso de revocatoria de mandato contra el presidente Daniel Noboa. La medida, que busca acortar su gestión, gana terreno en las calles y en los espacios de debate popular.
Detrás de esta movilización hay un descontento que viene creciendo. Las políticas económicas del mandatario, la precarización laboral y el aumento del costo de vida han encendido las alarmas. El 1 de mayo, miles de trabajadores marcharon en todo el país denunciando justamente estas condiciones. La revocatoria aparece como una herramienta constitucional para canalizar esa bronca acumulada.
Las organizaciones firmantes sostienen que Noboa no ha cumplido con las promesas de campaña y que su gestión beneficia a las élites. El proceso requiere juntar firmas y activar mecanismos legales ante el Consejo Nacional Electoral. No será un camino sencillo, pero la presión popular empuja.
Ecuador vive un momento bisagra. La revocatoria no es solo un trámite legal: es un termómetro de la paciencia social. Si el pueblo organizado logra sostener esta lucha, podría marcar un precedente para toda la región. La pelota está en la cancha de la ciudadanía.