El llamado a la acción surge como respuesta contundente a lo que las organizaciones definen como una declaración de guerra del gobierno contra los derechos conquistados. La decisión de trasladar la protesta central al lunes 9 de marzo busca visibilizar no solo con movilizaciones, sino con un paro de actividades que demuestre la importancia estratégica de las mujeres en la economía y la sociedad. La concentración principal partirá del Congreso Nacional hacia Plaza de Mayo desde las 16:30 horas, replicándose en todas las provincias y principales ciudades del país.
Los reclamos históricos del movimiento feminista adquieren urgencia extrema bajo el actual contexto político. Las cifras son elocuentes: según el observatorio MuMaLá, en Argentina se registra un femicidio cada 39 horas durante enero y febrero de este año. La brecha salarial muestra que los ingresos de los hombres superan entre un 27% y 29% a los de las mujeres, desigualdad que se profundiza en condiciones laborales informales. La crisis de cuidados se agrava con datos de UNICEF que revelan que 7 de cada 10 padres no cumplen con la cuota alimentaria, dejando la carga completa sobre las madres.
La convocatoria fue impulsada por el colectivo Ni Una Menos, sumándose la CGT, las dos CTA, la agrupación feminista de izquierda Pan y Rosas con la diputada Myriam Bregman, y la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Bregman convocó a "todas las mujeres que comparten sus peleas en el Congreso" a mostrar "la potencia de nuestra fuerza colectiva" en las calles.
Este 9M representa mucho más que una conmemoración: es un acto de resistencia organizada frente a un gobierno que ha declarado a las mujeres trabajadoras como enemigas de su proyecto neoliberal. La movilización federal expresa la unidad en la diversidad del movimiento feminista, que entiende que la defensa de derechos conquistados requiere de la acción colectiva y la solidaridad de clase frente a los embates del ajuste estructural.