EL ESTADO RENIEGA Y LA TIERRA QUEDA EN MANOS AJENAS
Política Neoliberal

EL ESTADO RENIEGA Y LA TIERRA QUEDA EN MANOS AJENAS

(★) .- El gobierno festeja números de vidriera, pero el ochenta por ciento de las familias argentinas apenas sobrevive con lo que sobra de las mesas de unos pocos.

Hay conversaciones que se tienen en los patios, cuando el mate ya dio vuelta varias veces y la sombra empieza a ganar terreno. Ahí, sin apuro, se dice lo que los diarios no quieren escribir. Se habla de la ley que prometieron como quien promete lluvia y después vino la seca. Se habla del fracaso, pero no de un fracaso de hombre, sino de otro más hondo: el fracaso del Estado que dejó de ser Estado para convertirse en un socio más del desguace.
El que habla no es un dirigente de esos que salen en la tele. Es uno que mira desde el costado, que ve cómo se fueron las empresas, cómo se cerraron los talleres, cómo los pibes se cortan el pelo unos a otros porque no hay laburo en otro lado. Y dice que el sistema internacional ya se dio cuenta de que no va a haber salvador por derecha. Que los intentaron y fracasaron todos. Porque el clima social, dice, ya va ocho de cada diez para que se vaya esta derecha que gobierna con la motosierra y la mentira.
Pero el asunto no termina ahí. Porque cuando el Estado se hace el distraído, aparecen otros que no se distraen. Y ahí aparece el tema de las islas. No como gesto patriótico, sino como maniobra: una vuelta más para que la Argentina no recupere lo que es suyo. Dicen que Inglaterra ya no alcanza sola, que el verdadero dueño del negocio es otro, y que el simulacro de soberanía no es más que una cortina de humo para tapar lo que viene.
Y mientras tanto, los números. Ahí está la cuestión, porque los números no mienten, pero los presentan como si fueran otra cosa. Dicen que la macro anda bien, que el riesgo país bajó. Pero el que habla tira otros números, los que importan: el seis por ciento de las familias consume ciento cincuenta mil millones de dólares. El catorce por ciento, otros cincuenta mil. Y el ochenta por ciento restante, los que laburan, los que sudan, los que hacen patria todos los días, apenas juntan cien mil millones entre todos. Un mercado chico, insignificante, que no le interesa a nadie. Por eso se van las empresas y no viene ninguna, ni con promesas ni con beneficios.
La macro no anda bien. Lo que anda es la destrucción. El ochenta por ciento de las familias vive del desahorro: venden el auto, empeñan la casa, se endeudan para comer, dejan de pagar impuestos. Eso no es economía, eso es fundirse con la música de fondo de los que celebran en Nueva York.
Y atrás de todo esto, la historia que se repite. Porque cuando hubo guerra en las Malvinas, vinieron de todas partes a ofrecer la sangre. Uruguayos, brasileños, bolivianos, peruanos, guatemaltecos, cubanos. Todos querían estar. Y ahora algunos hablan con desprecio de esos hermanos, sin saber que en 1807 también vinieron de todas partes a defender esta tierra, porque la patria era una sola. Pero eso parece que se olvida cuando conviene.
El que habla no tiene dudas: esto se va a caer. No sabe cómo ni cuándo, pero sabe que la paciencia tiene un límite. Que la tierra no se deja pisar para siempre. Que el desierto también cansa. Y que cuando el Estado renuncia, la historia se encarga de recordarle quién manda.