Granja Tres Arroyos, histórica empresa del sector avícola argentino, navega en aguas turbulentas. La compañía que perdió el 60% de sus productores y acumula cheques rechazados por más de 26.000 millones de pesos ahora propone reducir la semana laboral a cuatro días en su planta de Concepción del Uruguay. La medida, presentada en la Secretaría del Trabajo, implica dejar de faenar los lunes a partir del 13 de abril, con esos días pagados al 65% bajo modalidad no remunerativa.
La situación refleja la profundidad de la crisis que atraviesa el sector. Los trabajadores enfrentan un dilema complejo: aceptar una reducción salarial encubierta o arriesgar la continuidad laboral en una empresa que muestra signos evidentes de debilidad financiera. La patronal confirmó que se hará cargo del pago de los tres días caídos durante el conflicto reciente, uno de los principales reclamos sindicales.
Los representantes de los gremios de la Alimentación y la Carne recibieron la propuesta con escepticismo. La llevarán a asamblea donde los trabajadores decidirán su destino en un contexto de incertidumbre creciente. La modalidad no remunerativa significa que esos pagos no se incorporarán al salario básico ni impactarán en aguinaldo, vacaciones o aportes previsionales.
La crisis de Granja Tres Arroyos expone las contradicciones del modelo económico actual. Una empresa emblemática del sector productivo nacional se desmorona, afectando a cientos de familias trabajadoras y a toda una cadena de valor. La propuesta de reducir la semana laboral aparece como un parche temporal que no aborda las causas estructurales del problema.
El caso debería servir como alerta sobre la necesidad de políticas industriales que protejan el empleo y la producción nacional. La solidaridad entre trabajadores y la organización colectiva serán claves para enfrentar este escenario adverso, donde las soluciones individuales resultan insuficientes ante un sistema que prioriza la rentabilidad sobre la dignidad laboral.