El sistema científico argentino perdió 6.237 puestos de trabajo desde que Javier Milei asumió la presidencia. La cifra, que golpea a CONICET, INTA, INTI y otros organismos clave, revela el impacto concreto de una política de desinversión sistemática en ciencia y tecnología.
El CONICET concentra más de un tercio de las bajas, con 2.365 cargos menos. De ese total, 1.485 corresponden a becas de formación de posgrado y 880 a personal administrativo y bajo convenio. Por primera vez en dos décadas, la planta de investigadores se contrajo durante 2024, una tendencia que se repitió en 2025.
Otros organismos también sufrieron recortes severos. El INTA perdió 836 trabajadores, el INTI registró 834 bajas y la Secretaría de ICT vio caer su plantilla un 44,1%. La Agencia I+D+i redujo su dotación en un 43,1%. Empresas estratégicas como ARSAT, NASA y FADEA también experimentaron una reducción constante de personal, contradiciendo los anuncios oficiales sobre un supuesto relanzamiento del sector tecnológico.
Argentina pasó de 3,0 a 2,8 investigadores por cada 1.000 habitantes de la PEA, muy lejos del promedio de 9,7 que registran los países de la OCDE. La desarticulación del desarrollo nacional avanza a paso firme, enterrando cualquier posibilidad de soberanía científica y tecnológica.