Idania Faura Estopiñán tiene 57 años y una profesión que la espera: atender bocas, aliviar dolores, volver a su consulta. Pero hoy es ella quien recibe el tratamiento, aunque el tratamiento no llega. “Yo quiero vivir, trabajar, sentirme útil”, dijo, y su voz sonó entre súplica y exigencia. Los que la escucharon, sanos, se estremecieron. Porque no hay fuerza más grande que las ganas de vivir, ni dolor más hondo que saber cómo salvar a alguien y no tener con qué.
La diálisis peritoneal, ese procedimiento que le devolvería algo de su rutina, que le permitiría quedarse en casa sin pisar el hospital tres veces por semana, no se ha podido hacer. Yamilé García Villar, directora del Instituto, lo dice sin vueltas: “Llevamos prácticamente alrededor de 6 u 8 meses con falta de insumos para realizar esa terapia”. Las palabras pesan como piedras cuando de ellas depende la vida de unos 3.000 pacientes en toda la isla.
El bloqueo del gobierno de Estados Unidos aprieta donde más duele. No se consiguen las soluciones de perfusión, ese líquido sin el cual no hay trasplante posible. En lo que va de 2026, ni uno solo se ha podido realizar. Las máquinas de hemodiálisis, esos 32 riñones artificiales, siguen funcionando a fuerza de voluntad y de ingenio, pero sin los kits de repuesto ni los mantenimientos que corresponden, su tiempo se acorta. El ecógrafo para las biopsias tiene más de 20 años y vino de rebote de otro lugar. Aun así, dice la directora, no se detienen. “Ni siquiera en tiempos de escasos recursos”.
La doctora Betsy Llerena Ferrer, jefa del Servicio de Clínica Nefrológica, no se guarda nada: “Es imperdonable lo que el gobierno de Estados Unidos le está haciendo al pueblo cubano”. Ella sabe que lo que en otros países se usa y se tira, acá se lava, se esteriliza y se vuelve a usar. Por eso les advierte a sus estudiantes: si rompen una aguja de biopsia, suspensión. Esa es su frase de orden, dicha con la sonrisa de quien conoce el valor de cada cosa.
Pero la solidaridad también llega. La ONG Open Arms, en su velero Astral, trajo desde México alimentos, insumos y bolsas para diálisis. Esas que Idania necesita para vivir. Óscar Camps, el líder del proyecto, pregunta algo que queda resonando: “No sé qué es peor, si bombardear un hospital o dejarlo sin luz durante mucho tiempo”. Y recuerda que en julio, con sus paneles solares, se salvó la vida de una niña que necesitaba una cirugía de urgencia. La vida, entonces, se sostiene con lo que llega por mar, contra la corriente.