Cada 16 de octubre, La Vía Campesina conmemora el Día Internacional de Acción por la Soberanía Alimentaria contra las transnacionales. Para este año, la organización puso el foco en un mecanismo que considera central: el endeudamiento que el Banco Mundial y el FMI imponen a los países. Un informe de la UNCTAD citado en el documento señala que la mitad de la población mundial, unos 3.300 millones de personas, vive en naciones que destinan más recursos a pagar intereses de deuda que a salud o educación.
Los planes de rescate llegan con condiciones. Liberalización comercial, privatización, desregulación y recortes al gasto público son parte del paquete. A cambio, los Estados ceden autonomía sobre sus políticas. Los modelos de reforma agraria promovidos por estas instituciones, denuncia La Vía Campesina, terminan transfiriendo semillas, tierra, agua y territorios a manos de empresas. Países de África, Asia, América Latina, el Caribe, el Pacífico y Europa figuran entre los que resignaron esa capacidad de decisión.
El ajuste golpea a las familias campesinas. Precios estancados, falta de apoyo a los ingresos y costos de producción en alza empujan a préstamos con tasas exorbitantes. La organización documentó casos de acoso a deudores, en particular mujeres y jóvenes. El endeudamiento doméstico ata a las mujeres a situaciones de subordinación y les quita la base material mínima para abandonar un hogar violento, advierte el documento.
La financiarización del sistema alimentario completa el cuadro. Bancos comerciales, fondos soberanos y de inversión privada participan en los sistemas alimentarios, y las multinacionales consolidan poder de mercado mediante fusiones y adquisiciones. Semillas, pesticidas, maquinaria agrícola y genética porcina se ajustan a la definición de oligopolios: cuatro empresas controlan más del 40 % de cada mercado.
La Vía Campesina convoca a movilizarse frente a las asambleas anuales del Banco Mundial y el FMI en Tailandia. Entre sus demandas figuran la cancelación de la deuda, auditorías ciudadanas, eliminar subsidios a las grandes empresas y reorientarlos a la agroecología, y democratizar los bancos centrales.