La tierra de Córdoba se prepara. El 10, 11 y 12 de octubre las calles de la capital van a sentirse como plaza llena, como surco que brota. Cecilia Cheku Romero, militante de los derechos humanos de las personas travesti trans, lo dice mientras trabaja en el campo, con el teléfono en la mano y el sol arriba. Están en cuenta regresiva, dice, y se le nota en la voz la mezcla de cansancio y fiesta.
Este año no es un encuentro más. Cumplen 39 ediciones y por primera vez la comisión organizadora suma una subcomisión travesti trans y no binaria, y también otra de pueblos originarios. Cheku lo explica simple: no alcanza con cambiar el nombre para que algo sea real. Hace falta que las compañeras estén sentadas en la mesa, pensando los talleres, la agenda, las marchas. Porque el encuentro tiene dos marcas: la del sábado, que es la histórica, y la del domingo, más transfeminista, más reciente, más propia.
La logística es un cuerpo que no duerme. Más de 200 mil compañeres van a llegar de todas las provincias y también de otros países de Latinoamérica. Hay que conseguir escuelas para dormir, viandas para comer, aulas para discutir. Están sentados con el gobierno de la provincia, con el ministro de educación, con la universidad provincial y con la UNC. Cada espacio escolar se negocia, se cuida, se consigue. Las inscripciones circulan por las redes con un código QR que abre puertas.
Pero no todo es trámite. El posicionamiento político está claro: son anticapitalistas, antipatriarcales, antimperialistas y antifascistas. Hace pocos días mataron a Luciana Centeno en Sestu María. Un travesticidio social, político. Por eso el encuentro no es solo festejo. También es grito. Basta de travesticidios, basta de transfemicidios. En un país donde la pobreza tiene cara de feminidad, juntarse es una forma de resistencia que no pide permiso.
Córdoba los espera con las puertas abiertas. Esta vez les toca a elles recibir, después de haber viajado a San Luis, a Corrientes, a tantos otros lados. Hay ferias eco-transfeministas, peñas culturales, música, artesanías, comida. Hay amor en los detalles, en las planillas, en las reuniones que se estiran hasta tarde.
Las redes del encuentro, en Instagram y Facebook como 39encuentropluri.cba, muestran ese trabajo: la placa que falta, el comunicado que duele, la invitación que se repite. Son pocas las compañeras de comunicación que ponen el cuerpo, pero lo ponen entero. Y desde cada rincón del país, las radios comunitarias ayudan a correr la voz.
Falta poco. El mes que viene, Córdoba va a ser un hormiguero de cuerpos diversos, de ideas que discuten, de rabias y de abrazos. Un encuentro que no se explica, se vive. Como la siembra: se prepara en silencio y después revienta en la superficie, imparable.