LA FILOSOFÍA COMO CURA CONTRA UN MUNDO QUE CHORREA SANGRE
Cine

LA FILOSOFÍA COMO CURA CONTRA UN MUNDO QUE CHORREA SANGRE

(★) .- Un conversatorio en Buenos Aires reunió a Katya Colmenares, Ramón Grosfoguel y Cecilia Fiel para pensar el legado de Enrique Dussel y los desafíos de descolonizar el cine.

En la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA se presentó el documental Dussel. La filosofía es un don para un mundo sin sentido. Tres voces se sentaron frente al público para desentrañar lo que deja la obra del maestro fallecido. La directora del film, Cecilia Fiel, abrió con una anécdota que sonó a revelación: en una muestra en Ciudad de México, el pensador japonés Jun Fujita le confesó que había comprendido 1492 leyendo a Dussel. Fiel contó que durante veinte años dictó Estética en la UBA y le costó introducirlo en los programas. La academia lo resistía.
Ramón Grosfoguel tomó la palabra con la autoridad de quien fue cercano al maestro. Dijo que Dussel es para el pensamiento descolonial del sur global lo que Hegel fue para el pensamiento eurocéntrico. Pero mejor que Hegel, agregó, porque el alemán construyó un sistema donde el uno se piensa superior al resto, y Dussel elaboró un pensamiento pluriversal que pone la vida como criterio central. Ese orden moderno occidental que Hegel celebraba es, en sus términos, una máquina de muerte.
El sociólogo relató un debate que organizó en Berkeley entre Dussel y el pensador islámico Tariq Ramadan. Dussel pidió todos los libros de Ramadan antes del encuentro. Le mandaron una caja entera desde Francia. Ramadan apenas conocía la teoría de la liberación. En el debate, Dussel lo arrinconó. Le dijo que los intelectuales musulmanes miraban Europa desde la orilla sur del Mediterráneo, ciegos ante el Atlántico, sin ver que la riqueza europea venía del saqueo colonial en las Américas. Ramadan solo atinó a responder que nunca había pensado en eso.
Katya Colmenares, discípula directa de Dussel, habló después. Recordó al maestro en la cotidianidad: un hombre que se olvidaba de comer, que decía que le gustaría dejarles su cerebro. Habló de su cuerpo frágil, de la anemia constante, de las hemorragias internas. Dijo que su obra rompe esquemas porque pone en cuestión el orden entero.
Colmenares explicó que la modernidad nace en 1492, no en el siglo XVII ni en el XVIII. Nace del genocidio. Por eso Gaza es comprensible en el siglo XXI: el fundamento de este orden es la colonialidad, ese yo soy si tú no eres que Franz Hinkelammert formuló. La respuesta no puede ser unilateral, sostuvo. No basta una revolución política o económica. Es una revolución civilizatoria que abarque la pedagogía, la ética, la estética, el cine.
Cecilia Fiel intervino para llevar esas ideas al terreno del cine. Contó que las historias del cine latinoamericano replican esquemas europeos. Puso un ejemplo: casi nadie sabe que existió el código Laval, que prohibía filmar en los países africanos, mientras todos aprenden el código Hays. Medio siglo sin cine africano. Y cuando llegó, la mirada era francesa. Jean Rouch filmaba África; su protagonista nigeriano le respondió con una película que casi nadie vio. La categoría de exterioridad de Dussel sirve para pensar qué queda fuera de los cánones de las muestras.
Fiel contó una experiencia como jurado en una muestra de cine político en Buenos Aires. Se presentaban películas sobre temáticas africanas, pero filmadas con subsidios franceses. Los premios los vino a buscar la Embajada de Francia. Esa es la matriz colonial de poder sosteniéndose. Y advirtió sobre un riesgo: el cine comunitario está replicando los modos de legitimación del circuito hegemónico. Premios, jerarquías, vitrinas. Modernidad pura y dura.
En el tramo final, una participante boliviana preguntó cómo acceder al documental para difundirlo en comunidades. Fiel respondió que lo liberará el año próximo y que quien lo necesite puede pedirle el link. Otra intervención planteó el problema del rencor hacia los conquistadores. Colmenares respondió que la descolonización es un camino, que España es una construcción imperial que no se identifica con los pueblos de la península, que hay luchas antimperialistas dentro de Europa misma. Dijo que el rencor es la otra cara de una modernidad no superada y que la descolonización va hacia fuera y hacia adentro.
Una última intervención habló de la inteligencia artificial y de la esperanza. Colmenares respondió con una pregunta que Dussel le había enseñado: quién porta la cámara porta el poder. Por eso el cine comunitario importa. Por eso hay que correrse y dejar que el subalterno hable. El maestro, dijo, ya rompió un hueco en la modernidad. Ahora toca seguir.