La guerra contra Irán desatada por el régimen Trump ha generado una reacción inédita en la sociedad norteamericana. Desde su inicio, el conflicto enfrenta el rechazo del 60% de la población, cifra que supera la oposición a Vietnam en 1967 cuando ya habían muerto 11.000 soldados. Esta resistencia temprana marca un cambio histórico en la percepción del imperialismo estadounidense.
La frase "Operación Furia Epstein" se viralizó con 100.000 menciones en tres días, evidenciando cómo millones conectan la guerra con el escándalo de abusos. El 52% de los estadounidenses cree que Trump inició este conflicto catastrófico para distraer del caso Epstein. La explicación tiene poder analítico: la misma clase depredadora que protege a los implicados en la red de tráfico sexual es la que ordena invasiones imperialistas.
La corrupción sistémica se muestra sin velos. Un ejemplo revelador ocurrió cuando alguien apostó 580 millones de dólares a que el precio del petróleo bajaría, minutos antes de que Trump anunciara falsas "conversaciones productivas" con Irán. El insider trading descarado expone cómo la élite utiliza información privilegiada para enriquecerse, subordinando incluso los intereses generales del capitalismo a sus ambiciones personales.
La crisis económica profundiza la indignación. Antes de la guerra, ya se registraba un aumento del 235% en la venta de plasma sanguíneo desde 2015. Trabajadores venden nutrientes de su sangre por 64 dólares cada dos semanas para comprar alimentos básicos, sintiendo en carne propia la explotación del sistema. Trump responde con desprecio: considera "tontos" a quienes se quejan del alza del 30% en la gasolina.
El régimen Trump representa la expresión más cruda de una clase dominante que siempre operó en la sombra. Los archivos Epstein iluminaron los mecanismos de corrupción indirecta donde favores, información privilegiada y acceso a poder circulan en una red que incluye el abuso sexual como moneda de cambio. La ostentación dorada de la Oficina Oval, con su renovación de 500 millones de dólares que incluye un salón de baile para mil personas, contrasta brutalmente con la realidad de trabajadores que venden su plasma para comer.
Esta guerra sin salida expone las debilidades estratégicas del imperialismo estadounidense. Por primera vez, más estadounidenses simpatizan con palestinos (41%) que con Israel (36%), revirtiendo décadas de apoyo incondicional. La conciencia de clase avanza saltándose a una izquierda liberal que subestimaba a las masas trabajadoras. La conexión entre explotación doméstica, guerras imperialistas y la "clase Epstein" podría catalizar un giro histórico hacia la izquierda en la clase trabajadora estadounidense.