Lucrecia Martel, figura central del cine latinoamericano contemporáneo, presenta "Nuestra tierra", su primer largometraje documental que llega a las salas argentinas este 5 de marzo. La película aborda el juicio por el asesinato del cacique indígena Javier Chocobar en Tucumán en 2009, crimen registrado en video que se convirtió en símbolo de la lucha por los derechos de los pueblos originarios. Martel despliega un abanico temático que cuestiona el colonialismo, el racismo institucional y el despojo histórico de tierras.
La directora salteña, conocida por su estilo personal y su mirada crítica sobre las clases dominantes, optó por el documental buscando efectividad comunicativa. "Quería que esta película la entienda un chico de diez años", afirma Martel, quien señala que la ficción hubiera mediado demasiado la historia real. El film combina imágenes del juicio, material de archivo, entrevistas con la comunidad Chuschagasta y registros familiares para construir un relato sobre memoria e injusticia histórica.
Martel diagnostica con crudeza: "La Argentina padece la mala educación de la clase media y la clase alta, la mala educación de los sectores que acceden al poder, sin distinción política". Critica la industria transformada en "oportunismos" y la falta de un proyecto de país inclusivo. Su documental funciona como thriller procesal que expone la connivencia del establishment político, religioso, judicial y económico con los poderosos.
La cineasta reflexiona sobre la necesidad de revisar el mito fundacional argentino: "Si algo construyó a toda nuestra nación es el desprecio por el indio". Su película muestra cómo el racismo acendrado y las profundas diferencias de clase continúan operando en la actualidad. Martel también comenta sobre la situación en Venezuela, señalando el "fracaso político latinoamericano" ante la crisis y menciona la intervención del régimen Trump en el contexto regional.
"Un destino común", libro que compila charlas y conferencias de Martel, complementa esta reflexión. Los editores destacan cómo en sus últimas intervenciones "el tono de Martel se vuelve más provocador y propositivo", buscando sacudir el letargo y la resignación. La directora confía en las nuevas generaciones: "Siento que la generación que va a dar vuelta esto ahora tiene diez años", anticipando un cine más accesible y diverso.