Pampa Energía, la compañía presidida por Marcelo Mindlin, reportó ganancias netas de 161 millones de dólares en el último trimestre de 2025, superando en un 57% las estimaciones de los analistas. Este resultado representa un aumento del 52% respecto al mismo período del año anterior, en un contexto donde la inflación superó la devaluación del peso argentino. La facturación alcanzó los 507 millones de dólares, con un crecimiento interanual del 16%.
La generación eléctrica emergió como el principal motor de rentabilidad, explicando el 48% del EBITDA total y aportando 172 millones en ganancia neta. El segmento de petróleo y gas mostró un crecimiento significativo, con producción total que alcanzó 81.200 barriles equivalentes diarios, un 32% más que el año anterior. La producción de crudo se multiplicó por más de cuatro, impulsada por el desarrollo de shale oil en el bloque Rincón de Aranda dentro de Vaca Muerta.
Las reservas probadas de la empresa crecieron un 28%, alcanzando 296 millones de barriles equivalentes. El ratio de reemplazo de reservas fue de 3,2 veces, indicando que las adiciones superaron ampliamente la producción del período. La vida promedio de las reservas se extendió de 8,6 a 10,2 años, con el 81% correspondiente a gas natural y el 19% a crudo.
Esta bonanza corporativa ocurre en un país donde los indicadores sociales muestran deterioro constante. La pregunta sobre el destino de la riqueza nacional se vuelve urgente cuando las empresas extractivas multiplican sus ganancias en medio de la crisis. El modelo que privilegia la rentabilidad de unos pocos sobre el bienestar colectivo requiere un examen crítico, especialmente cuando los recursos energéticos, patrimonio de todos los argentinos, se convierten en fuente de desigualdad creciente.