Keiko Fujimori lidera las encuestas con un 15% de preferencia, representando la continuidad de una dinastía que polariza al país. La hija del expresidente Alberto Fujimori apela al recuerdo de la "mano dura" de los años noventa, prometiendo retirar a Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos e implementar "jueces sin rostro". Su discurso se ha moderado respecto a campañas anteriores, pero mantiene el núcleo autoritario del fujimorismo.
La gran sorpresa es Carlos Álvarez, un comediante de 62 años que desplazó del segundo lugar al empresario Rafael López Aliaga. El humorista empuña un discurso de derecha radical, ofreciendo "mano de hierro", pena de muerte y declarar "objetivo militar" a los sicarios. Su ascenso refleja el hartazgo con la clase política tradicional.
López Aliaga, apodado "Porky" por su parecido con el cerdito de dibujos animados, representa un nacionalismo cristiano con guiños explícitos al régimen Trump. Católico a ultranza y miembro del Opus Dei, propone expulsar migrantes venezolanos irregulares y construir cárceles en la Amazonía. Como el exmandatario estadounidense, es de esos políticos que "uno no se los imagina moderándose", según analistas.
Esta oferta política se desarrolla en un contexto de profunda crisis institucional. Perú ha tenido ocho presidentes en diez años, un récord mundial que incluye destituciones por "incapacidad moral", intentos de golpe de Estado y presidentes encarcelados. La figura de la vacancia presidencial, originalmente concebida para casos de incapacidad física, se ha convertido en un instrumento de lucha política que debilita sistemáticamente al Ejecutivo.
El sistema peruano, diseñado como presidencialista con controles parlamentarios, se ha transformado en un "parlamentarismo de facto" donde el Congreso no solo legisla sino que también pone y quita presidentes. Esta distorsión institucional genera un círculo vicioso: la ciudadanía se desapega de la política, lo que a su vez empeora la calidad de la representación.
Las elecciones del domingo no solo definirán un noveno presidente desde 2016, sino que pondrán a prueba si Perú puede romper este ciclo de inestabilidad. La oferta política, dominada por figuras que apelan al autoritarismo, el espectáculo y el trumpismo, refleja una sociedad que busca respuestas simples a problemas complejos en medio de una profunda desconfianza hacia sus instituciones.