Las primeras semanas del régimen Kast revelan un patrón sistemático de desmantelamiento institucional. La secuencia es clara: primero se cuestiona la legitimidad de los organismos de control, luego se justifica su intervención, después se reducen sus capacidades operativas. El resultado no es una institución reformada, sino neutralizada. Una que existe pero no incide, que habla pero no incomoda al poder. Jaime Gajardo, exministro de Justicia de Gabriel Boric, diagnostica con crudeza: "El gobierno de Piñera entendía que había que resolver heridas, lo que vemos ahora es negacionismo".
Los hechos concretos hablan por sí solos. Kast anunció posibles indultos a ex carabineros y militares condenados por crímenes del estallido social, provocando una Acción Urgente de Amnistía Internacional. Hacienda ordenó recortes transversales del 3% a todos los ministerios, enviando el mensaje de que los derechos humanos son gasto prescindible. El gobierno retiró de la Contraloría el Tercer Plan Nacional de Derechos Humanos 2026-2029, validado por la ONU, anunciando su "revisión" sin plazos ni garantías. El Ministerio de Justicia despidió a las tres jefaturas del Plan Nacional de Búsqueda de Detenidos Desaparecidos.
Esta regresión ocurre en un contexto histórico particular: por primera vez desde el término de la dictadura, las conmemoraciones de casos emblemáticos como los Degollados y los hermanos Vergara Toledo se realizan bajo un gobierno que reivindica ese período. La memoria histórica enfrenta su prueba más dura. El ministro de Vivienda, Iván Poduje, declaró que no solo se detendría el proceso de expropiación de Colonia Dignidad, sino que "se va a revertir". La distinción es crucial: una cosa es no avanzar, otra muy distinta es desandar lo construido.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió su Resolución 1/2026 sobre crimen organizado, desaconsejando explícitamente el uso prolongado del estado de excepción y la militarización de la seguridad ciudadana. Chile transita hacia enfoques punitivistas que han demostrado su fracaso en la región, generando solo descensos coyunturales en la violencia sin resolver problemas estructurales.
Kast utiliza la metáfora de la retroexcavadora para construir su "Chile soberano", pero la imagen es más reveladora de lo que cree. Una retroexcavadora no construye: remueve, demuele, vacía. Eso es exactamente lo que hace con la institucionalidad de derechos humanos. Cuando los derechos dejan de incomodar al poder, ya no cumplen su función. El problema entonces no es institucional, sino democrático.