LA SEMILLA DE ALLENDE Y EL INVIERNO NEOLIBERAL
Organización y Lucha

LA SEMILLA DE ALLENDE Y EL INVIERNO NEOLIBERAL

(★) .- A treinta años del golpe, Gladys Marín lee en la derrota de la Unidad Popular una advertencia sobre las fuerzas que hoy siguen sofocando toda tentativa de transformación.

En el Seminario Internacional 30 Años-Allende Vive, la líder del Partido Comunista chileno, Gladys Marín, reconstruyó los mil días del Gobierno de la Unidad Popular como una aspiración de justicia social segada por la conspiración reaccionaria y la intervención directa de Estados Unidos. Recordó que la nacionalización del cobre fue aprobada por unanimidad en el Parlamento y que, pese a embargos, bloqueos, paros patronales y atentados cotidianos, el respaldo a Allende creció del 36 por ciento en 1970 al 44 por ciento en marzo de 1973. Citó la reunión del 14 de septiembre de 1970 en la Casa Blanca, donde Nixon ordenó hacer chillar la economía chilena y Kissinger sentenció que no se podía permitir un Gobierno marxista por la irresponsabilidad de su pueblo. El golpe fue salvaje para que sirviera de lección al mundo, dijo.
Marín no eludió la autocrítica. Sostuvo que la derrota no se debió a la profundidad del programa, sino a la falta de visión política, de preparación ideológica y militar para prever la reacción de las fuerzas nacionales e internacionales afectadas. No se desarrolló a fondo la organización y la conciencia en la base para defender el poder conquistado. Pero rechazó con dureza la falacia de que todos fuimos culpables, porque ese relativismo inmoral oculta las verdaderas causas y responsables, y condena a la repetición de las tragedias. Detrás de ese griterío hipócrita de pedir perdón, advirtió, hay un intento planificado de decir que los cambios estructurales no son posibles.
La dirigente comunista llamó a una unidad amplia del pueblo, superando la falsa dicotomía entre lo social y lo político, y valoró el reciente paro nacional convocado por la Central Unitaria de Trabajadores como señal de que la clase obrera puede volver a ser centro de los cambios democráticos. Definió la alternativa como una izquierda diversa y plural contra el neoliberalismo, eje de un movimiento que abrace las luchas por el medio ambiente, la diversidad sexual y los pueblos originarios. En su lectura, la ofensiva continental contra el ALCA y la coordinación de los pueblos frente al capital financiero y las transnacionales son la respuesta necesaria. La memoria, dijo, es un arma de lucha: como la tierra, guarda la semilla allendista que germina en este siglo.