La declaración final del encuentro, realizado entre el 1 y el 4 de septiembre de 2026 bajo el título «Agricultura ecológica y políticas públicas», sostiene que el problema de fondo no es de rendimiento sino de derechos, poder y recursos. Participaron delegaciones de Palestina, Túnez, Marruecos, Egipto, Sudán, Mauritania, Irak y Argelia, todas parte de La Vía Campesina – Región Árabe. El documento advierte que las crisis climáticas e hídricas, la degradación de los suelos y la pérdida de biodiversidad se entrelazan con el endeudamiento, las políticas neoliberales, el acaparamiento de tierras, la migración, los desplazamientos forzados, las guerras y la ocupación. Soluciones técnicas fragmentadas no alcanzan: hace falta reconstruir las relaciones de poder sobre la base de los derechos campesinos.
Sobre los recursos naturales, la reunión fue tajante. El agua es un derecho, no una mercancía. La tierra es base de la vida, no activo especulativo. Las semillas son legado vivo de generaciones campesinas, no producto comercial monopolizable. El comunicado expresó preocupación por la apropiación de tierras agrícolas en Marruecos, arrebatadas a pequeños agricultores y convertidas en grandes explotaciones para exportación y especulación. Reclamó políticas públicas que protejan esas tierras, garanticen acceso justo al agua y salvaguarden el derecho a conservar, elegir e intercambiar semillas. La agricultura ecológica que defienden no es técnica medioambiental ni proyecto corto: es transformación social, política y ambiental anclada en el conocimiento campesino, con escuelas de campesino a campesino y un marco regional propio.
Los participantes vincularon la crisis climática con el endeudamiento y la dependencia, y alertaron que la transición energética puede volverse nueva vía de despojo bajo lenguaje verde. Pidieron una transición justa que parta de los derechos. También exigieron que mujeres y jóvenes pasen de la representación numérica al liderazgo efectivo, con acceso a tierra, agua, financiación y organización. Renovaron su solidaridad con el pueblo palestino y con el sudanés, y respaldaron la campaña de la Alianza de Agricultores de Al-Jazira y Managil para cultivar la mayor superficie posible ante la hambruna. El cierre tuvo lema: «La tierra es de quienes la cultivan y la protegen».