La extrema derecha peruana se posiciona como favorita en las encuestas previas al silencio electoral, con Keiko Fujimori liderando las preferencias alrededor del 13-15%. La hija del expresidente Alberto Fujimori busca su cuarta candidatura consecutiva, acompañada por el ultraderechista Rafael López Aliaga y el humorista Carlos Álvarez, quienes comparten propuestas de "mano dura" y reducción del Estado. Este triunvirato conservador capitaliza el miedo ciudadano ante una crisis de seguridad sin precedentes, con 2.200 homicidios vinculados al crimen organizado en 2025.
La dispersión electoral alcanza niveles récord: siete candidatos mantienen porcentajes competitivos sin que ninguno supere el 15% de intención de voto. Esta fragmentación refleja el profundo descontento con una clase política desprestigiada tras nueve presidentes en una década. El llamado "pacto mafioso" -una coalición que incluye al fujimorismo y cerronismo- ha mantenido el control del país mediante estrategias institucionales, incluyendo un Senado diseñado con superpoderes que puede imponerse sobre el Ejecutivo con apenas 40 legisladores.
Entre las alternativas progresistas emerge Alfonso López-Chau de Ahora Nación, quien ha escalado posiciones con mítines multitudinarios en Cusco y Puno. El candidato apela a la "energía social acumulada en los pueblos" y promete revisar la situación de quienes considera presos políticos, incluyendo al expresidente Pedro Castillo. Su discurso conecta con regiones del sur donde la derecha es públicamente rechazada.
El silencio estadístico obligatorio esta semana busca evitar el "voto arrastre", pero la tradición peruana muestra que entre 10-15% del electorado decide su voto en los últimos momentos. Esta indecisión final podría definir si Perú profundiza su giro autoritario hacia la ultraderecha o encuentra una salida democrática que recupere derechos sociales y dignidad colectiva. La batalla no es solo electoral sino por el alma de una nación fracturada entre el miedo conservador y la esperanza de transformación.