UN SUEÑO DE A DOS
Columna J.E.Ricci Destacado

UN SUEÑO DE A DOS

(★) .- "Es que todo es tan dependiente, todo lo que decimos, y lo que pensamos, atraviesa las paredes, invade el espacio, inunda todo, y todo es tan poroso, que rápidamente se colma y no deja lugar a la creación ni a la originalidad ni a la supuesta autonomía, porque ya todo está nombrado, y lo nombrado viene con pretensiones de todo. "

La noche fue rara, me desperté varias veces deseando que ya fuera la mañana, pero era la medianoche, silencio, oscuridad, interminable calma nocturna. Iba al baño y volvía con ese desconcierto, y al mismo tiempo tenía sueño. Mucho sueño. De vuelta a la cama, trataba de dormir, pero estaba inquieto. Al dormirme buscaba la universidad de Moreno -porque estaba tomando unas clases- pero la universidad se me escurría, no la encontraba. Daba vueltas por los alrededores y las calles conocidas se convertían en subidas empinadas y bajadas tortuosas. Llegaba a lugares que, aunque familiares, nunca eran lo que yo buscaba. En uno de esos lugares, con aspecto de antiguo edificio público, había una mujer con uniforme administrativo en una oficina lavando la ropa en una pileta con toda normalidad, como si estuviera en su casa. Ante mi pregunta suspendía la tarea, pasaba entre los escritorios y mientras se secaba las manos me explicaba cómo llegar a la Universidad, pero lo hacía de manera tan enigmática que resultaba imposible entenderla. 
Desperté angustiado, ya de día: las siete y algo y el sol entrando por la ventana. La angustia era por algo perdido que recién ahora percibía, como si el sueño me hubiera dejado la repentina conciencia de haber perdido hace mucho algo tan importante como la misma libertad. 
Es que todo es tan dependiente, todo lo que decimos, y lo que pensamos, atraviesa las paredes, invade el espacio, inunda todo, y todo es tan poroso, que rápidamente se colma y no deja lugar a la creación ni a la originalidad ni a la supuesta autonomía, porque ya todo está nombrado, y lo nombrado viene con pretensiones de todo. Se vive enseñándole a todo el mundo cómo es esta sutil dependencia, cómo funcionan las mismas redes que nos atrapan, y se va creando así el mundo estrecho, cada vez más estrecho en que vivimos. Pero cada vez, más cosas quedan inconscientemente afuera. Como si comunicarnos entre nosotros fuera repetir vínculos de la misma, ineludible y estrecha trama, siempre igual a sí misma, excluyente de todo lo diferente, que es casi todo. Y la Trama -y no nosotros-es el Gran Elector que simplemente elige y dispone las cosas, ahí. 
¿Cómo harán los pájaros para vivir tan libremente, o mejor dicho cómo hacemos nosotros, tan determinados, para que ellos entren en nuestro mundo comprensible? ¿Qué absurdo recorte será “pájaro” para nosotros? ¿Qué es al final lo común, lo que está más allá de esto, lo compartible universal, lo que está ahí (y todos entendemos y sabemos) sin reconocerlo y sin nombrarlo?
Y toda la mañana me siento muy molesto por esta repentina conciencia de la totalitaria inundación, por esta ahora consciente invasión que hace lo conocido por sobre lo desconocido y diferente, como si de repente me diera cuenta que toda la definición del mundo que estudiamos y conocemos no fuera más que una patética ambición infantil, y que la única manera posible de vivir que hemos desarrollado es así, educándonos los unos a los otros en un pequeñísimo ángulo de conocimiento, igual de estrecho que nuestro uso del lenguaje, dejando afuera casi todo; y que solo con el espejo simbólico de los sueños, o del arte y la poesía (y quizás con lo que llamamos locura), fuera posible presentir, asomarse, intuir esa ausencia, y sentirlo (por fin) como una angustia verdadera que pugna por tomar forma vital, para no convertirse en una piedra en las vesículas de nuestros cuerpos…
Al rato estamos sentados como todos los días en la galería tomando mate, y se ve que todo esto aún ha quedado ahí, al menos en mí, porque de repente le digo a Mari viste como es el Estado, y Mari me mira. El estado siempre es todo -digo- quiere abarcar todo, se mete por todos lados, en la salud en la educación, en la calle; y hasta se mete dentro de la casa y se sienta a la mesa con la política, porque, ¿acaso la militancia no se parece mucho a una imposición exclusiva, que encierra todo y no concibe nada por afuera? ¿No es demasiado estatal la militancia? Toda la vida cabe en su política. “Habría que poner mucha atención, -y me veo hablando apasionado- porque parece que todo lo que toca el Estado se le empieza a parecer…”, ¡y hoy el estado es planetario…!, burocracia, individualismo, egocentrismo, manipulación… 
Y todo esto lo largo en torbellino, sin ánimo consciente de ser entendido. Pero Mari me dice que sí, que entiende perfectamente, y entonces cuando empieza a contar cómo ha pasado ella la noche y cómo se siente ahora, y describe un molesto desacomodo, una cierta estrechez que siente “como una piedra en el zapato”, me parece que es tan parecido lo vivido que quizás esa sensación, la sustancia del sueño, ha sido algo por fuera de mí y de nosotros, no solo personal, algo que simplemente estaba ahí, o mejor dicho que empieza a estar ahí, como parte del espacio y del aire actual que respiramos, para que cualquiera, -ella a su manera y yo a la mía- lo vivamos en común.