Cuba puso en marcha este 27 de abril la 65ª Campaña Nacional de Vacunación Antipoliomielítica Oral Bivalente, un proceso que se extenderá hasta el 2 de mayo en su primera etapa. En el municipio de Nuevitas, provincia de Camagüey, se prevé inmunizar a 952 infantes de entre un mes y menos de tres años, aplicando dos gotitas del preparado directamente sobre la lengua. La logística incluye un período de recuperación entre el 4 y el 9 de mayo para quienes estén enfermos, y una segunda etapa en junio que alcanzará a 520 niños de nueve años.
El dato no es menor: Cuba fue declarada territorio libre de poliomielitis apenas cuatro meses después de iniciar su primera campaña en 1962. Seis décadas después, el país mantiene firme un programa que requiere la colaboración del personal de Salud y los factores comunitarios para que 1472 pequeños reciban la dosis. Esta primera etapa coincide con las Semanas de Vacunación de las Américas y la Semana Mundial de Inmunización.
Vale la pena mirar el mapa regional para dimensionar lo que esto significa. En países como Haití, la cobertura de vacunación infantil cayó por debajo del 50% tras el terremoto de 2021 y la crisis humanitaria que le siguió. En Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro promovió el negacionismo vacunal, lo que derivó en la pérdida del certificado de eliminación del sarampión en 2019 y un rebrote de enfermedades erradicadas. En Argentina, el ajuste neoliberal de Javier Milei ya provocó desabastecimiento de vacunas en varias provincias. Mientras el norte global acumula patentes y el sur padece recortes, Cuba demuestra que la salud pública no es un gasto sino una decisión política. La polio no da tregua, pero la solidaridad y la ciencia popular sí.