El próximo 1 de mayo, Día del Trabajador, las centrales sindicales de Paraguay tomarán las calles de Asunción con una consigna clara: basta de ajustes que no alcanzan. La movilización, que partirá desde la Plaza Uruguaya a las 08:30 y tendrá su acto central a las 10:00 frente al Ministerio de Trabajo, busca visibilizar el descontento de un sector que siente que el Gobierno y los empresarios les dan la espalda.
Los números son elocuentes. Mientras la inflación oficial ronda entre el 2% y el 3% anual, la canasta básica de alimentos se ha encarecido hasta un 20% en el último año. Los dirigentes José Pineda y Ramón Ávalos denuncian que la metodología actual de medición del IPC está "perimida" y no refleja la realidad de los hogares trabajadores. La propuesta sindical es clara: un reajuste del salario mínimo de al menos un 20%, lo que significaría unos 579.810 guaraníes adicionales, llevando el piso salarial a 3.478.858 guaraníes.
Pero el reclamo va más allá de lo salarial. Las organizaciones sindicales apuntan directamente al modelo económico vigente. Denuncian el avance de la narcopolítica en las instituciones, el despojo de la Caja Fiscal y un plan neoliberal que, según advierten, profundiza la desigualdad. La plataforma de lucha incluye también la defensa de una seguridad social integral y solidaria, la falta de medicamentos en el sistema de salud y el colapso del transporte público, que deja a los trabajadores varados después de las 20:00.
El vicepresidente de la CUT-A, José Pineda, fue contundente: "Hoy tenemos un crecimiento del 6,6%, ¿quién lo genera? Los trabajadores. Somos parte esencial de ese crecimiento que las grandes corporaciones están disfrutando". La crítica apunta a la insensibilidad del sector empresarial y del propio Gobierno, que según los dirigentes no ha dado respuestas concretas más allá de declaraciones de prensa.
La jornada del 1 de mayo se presenta como un termómetro de la conflictividad social. Los sindicatos llaman a trabajadores afiliados y no afiliados a sumarse, en un intento por reconstruir la unidad de la clase obrera, campesina y popular. No es solo un reclamo salarial: es una disputa por el modelo de país.