LA 13° SEMANA DE CINE PORTUGUÉS DESEMBARCA EN BUENOS AIRES CON CASI DOS DOCENAS DE TÍTULOS
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LA 13° SEMANA DE CINE PORTUGUÉS DESEMBARCA EN BUENOS AIRES CON CASI DOS DOCENAS DE TÍTULOS

(★) .- Del 28 de mayo al 4 de junio, Malba Cine y la Sala Lugones serán las sedes de una programación que celebra la diversidad y la potencia del cine luso contemporáneo.

Según informó Página/12, la muestra reúne largometrajes y cortometrajes que reflejan la riqueza de la producción cinematográfica de Portugal. La programación, organizada en colaboración con la Cinemateca Portuguesa, incluye desde óperas primas hasta obras de directores consagrados, con un marcado énfasis en el cine de autor y las miradas periféricas.
Entre los títulos destacados se encuentra A Vida Luminosa, de João Rosas, que tendrá funciones con presentación y Q&A del director. También se proyectará O Riso e a Faca, de Pedro Pinho, un extenso y ambicioso trabajo de 217 minutos que promete ser uno de los puntos álgidos de la grilla. Otras obras como Baía dos Tigres, de Carlos Conceição, y Fuck The Polis, de Rita Azevedo Gomes, exploran territorios que van desde el documental experimental hasta la ficción política.
La muestra no descuida el formato breve: habrá sesiones de cortometrajes como las "Peliculinhas" para público infantil y una sesión especial en colaboración con MOTELX, el festival de cine de terror de Lisboa, que incluye títulos como Arroio Negro y The Hunt.
Con entrada a la venta en Malba, la Semana de Cine Portugués se consolida como una cita ineludible para quienes buscan un cine alejado de los circuitos comerciales, donde la experimentación formal y el compromiso con lo real dialogan sin concesiones.

 

LA VIDA LUMINOSA: CUANDO EL CINE SE ATREVE A MIRAR LA JUVENTUD SIN NOSTALGIA
João Rosas filma el aprendizaje amoroso sin caer en el llanto fácil ni en la solemnidad vacía.
Según la crítica de Aarón Rodríguez en El antepenúltimo mohicano, la película portuguesa A vida luminosa (presentada en Karlovy Vary 2025) logra algo poco frecuente en el cine contemporáneo: retratar la adolescencia tardía sin caer en el anonadamiento generacional ni en la romantización barata de "los mejores años de la vida".
Rosas construye una obra cálida y precisa donde dos veinteañeros conversan, se enamoran, se defraudan y se reencuentran en pequeños gestos cotidianos. Lejos de la suciedad enunciativa que a menudo se confunde con honestidad, la película apuesta por la ligereza, el humor tierno y una mirada que sabe cuándo tomarse en serio y cuándo frivolizar.
El crítico destaca el diálogo con la muerte como eje inesperado: el protagonista se topa con una mujer que estudia cementerios, y de ahí surge la idea de que el buen amor no promete futuros interminables, sino que ríe frente a lo efímero. La escena del protagonista fingiendo su propia muerte sobre una lápida condensa esa inteligencia emocional que atraviesa todo el metraje.
El final, lejos de la melancolía previsible, ofrece una promesa de viaje y continuidad. Rosas cierra su película con un fogonazo de luz y optimismo que, según Rodríguez, demuestra una capacidad inusual para comprender la fuerza del cine y de la vida.