Un cuarto de siglo después de aquella ópera prima que marcó al Nuevo Cine Argentino, Lisandro Alonso regresa a Cannes con el mismo protagonista pero un contexto radicalmente distinto. "La libertad doble", presentada en la Quincena de Cineastas, reencuentra al hachero Misael Saavedra para contar una historia que, sin perder el pulso contemplativo y minimalista del original, mete el dedo en la llaga de la crisis sociopolítica que vive el país bajo el régimen de Milei.
La trama arranca cuando Micaela —interpretada por la chilena Catalina Saavedra— es expulsada de un neuropsiquiátrico después de 15 años de internación. El centro cierra porque el Estado dejó de girar los subsidios. Así, el hachero, que vive en un rancho precario con su perro, se ve obligado a hacerse cargo de una mujer que necesita medicación constante y se escapa a cada rato. La ficción expone sin vueltas la crisis económica, social y sanitaria que atraviesa la Argentina.
Las fuentes coinciden en que la película es también un espejo de la penosa realidad del audiovisual nacional: el socio mayoritario del proyecto es chileno, lo que habla del desfinanciamiento del cine local. Alonso, que venía de coproducciones con figuras como Viggo Mortensen, vuelve a un cine austero, rodado en 35mm, con planos largos y fijos. El hachero cambió el hacha por la motosierra, pero la esencia sigue siendo la misma: una resistencia silenciosa, a contrapelo del ruido algorítmico de estos tiempos.