El país quedó en shock. Todas las encuestas previas daban como ganador de la primera vuelta a Iván Cepeda Castro, pero los resultados reales mostraron otra cosa: Abelardo de las Pella se quedó con el primer puesto y ahora la pelea por la presidencia se pone mucho más difícil para el progresismo. Lo que se ve en el mapa electoral es una grieta profunda: hay regiones que votaron claramente por el cambio y las transformaciones sociales, pero también hay zonas que son profundamente conservadoras y que se ratificaron en estas elecciones como bastiones de la derecha.
Llama la atención que en muchos territorios donde operan organizaciones armadas que se autodenominan revolucionarias, haya ganado de las Pella. Las acciones violentas contra la población civil y la fuerza pública de los últimos días parecen haberle jugado a favor al candidato de la derecha. Las encuestas no acertaron y ahora las disputas quedaron en términos muy paritarios, lo que obliga a pensar en alianzas y coaliciones para definir la presidencia.
La situación es compleja porque este tipo de candidato se viene imponiendo en América Latina: una mezcla de show y agresividad, irresponsable en sus afirmaciones. El país está altamente polarizado entre una postura antiprogresista y otra profascista de extrema derecha. Aunque la derecha llegó dividida a la primera vuelta, una vez que de las Pella se consolidó como ganador, Paloma Valencia y el expresidente Álvaro Uribe Vélez —el gran derrotado de estas elecciones— suscribieron su candidatura. Ahora la izquierda necesita sumar fuerzas para superar esa pequeña diferencia y evitar que se reviertan todos los logros sociales del gobierno de Gustavo Petro.