El 17 de junio de 1996, mientras el país vivía a pleno el neoliberalismo de Carlos Menem y María Julia Alsogaray, miles de personas —en su mayoría pibas y pibes de escuelas secundarias— se subieron a colectivos y autos para recorrer 400 kilómetros de ripio congelado hasta Gastre, un pequeño pueblo de la meseta chubutense. La consigna era clara: decirle no al repositorio de residuos radiactivos de alta actividad que la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y Francia, a través de la empresa Pechiney Ugine Kuhlmann, querían instalar en la zona. Detrás del negocio estaba la posibilidad de alquilar el territorio patagónico como basurero nuclear del mundo, con el agravante de que los residuos llegarían en barco hasta Puerto Madryn, aprovechando la infraestructura de Aluar.
La lucha no empezó ese día. Diez años antes, en 1986, el ecologista Javier Rodríguez Pardo redactó el "Manifiesto Antinuclear de Chubut" y se lo entregó al presidente Raúl Alfonsín en la Plaza Independencia de Trelew. Ese fue el primer freno. Pero el proyecto siguió avanzando hasta que en 1996, cuando un plenario de comisiones de la Cámara de Diputados le dio a la CNEA la potestad de decidir el emplazamiento sin importar las constituciones provinciales, la sociedad explotó. Se sucedieron movilizaciones espontáneas en Caleta Olivia, Puerto Madryn y Trelew. La cadena humana de 5.000 jóvenes en la playa de Puerto Madryn, con la frase "No al basurero nuclear. Patagonia No Nuclear" escrita con sus cuerpos, dio la vuelta al país.
La caravana a Gastre fue el golpe definitivo. Con diez grados bajo cero, más de cien autos y decenas de colectivos partieron desde Trelew. Al llegar, se sumaron contingentes de Esquel, Comodoro Rivadavia, Bariloche y Neuquén. Los medios nacionales cubrieron la movilización, y las imágenes llegaron a Buenos Aires en avión, gracias a la picardía de los organizadores que resolvieron sobre la marcha la logística de transmisión. Al día siguiente, Alsogaray calificó el reclamo como "justo" y Menem deslizó que el proyecto no tenía fundamento. La gesta logró que el Congreso modificara la Ley 24.804, exigiendo desde entonces la aprobación por ley de cada provincia para instalar repositorios nucleares.
Gastre no solo frenó el cementerio nuclear en Chubut, sino que dejó un legado jurídico imborrable: el artículo 41 de la Constitución Nacional, que prohíbe el ingreso de residuos radiactivos al país, y los artículos "no nucleares" de las constituciones de Chubut, Tierra del Fuego, Santa Cruz, La Pampa, Formosa y Buenos Aires. Hoy, con la ultraderecha fortalecida y amenazas como la reforma constitucional en Tierra del Fuego que busca eliminar la prohibición nuclear, la memoria de Gastre se vuelve más urgente que nunca. La épica de aquella movilización demostró que el pueblo puede ganar cuando se organiza, y que la conciencia ambiental no se negocia.