El gobierno boliviano advirtió que no va a co-gobernar con nadie y que las demandas de la central obrera se asemejan a un programa de gobierno. La condición para sentarse a dialogar, según el ministro de la Presidencia, es el levantamiento inmediato del bloqueo de carreteras. "La pacificación del país implica el desbloqueo inmediato", señaló, recordando que La Paz ha soportado casi 50 días de movilizaciones de manera estoica.
Mario Argollo, secretario ejecutivo de la central obrera, rechazó las declaraciones del ministro e insistió en la apertura sindical a buscar un acuerdo negociado. Sin embargo, entre los sindicatos campesinos la postura es otra. En asambleas realizadas en la provincia Ingavi, una de las 20 de La Paz, los dirigentes exigen sin vueltas la renuncia del presidente. "¿Cuál es ese consigno? ¡La renuncia del presidente!", se escuchó en una de esas reuniones.
El máximo dirigente del sector campesino advirtió que la central obrera pierde fuerza en la conducción del movimiento social. "No hay una cabeza nacional. Ha perdido credibilidad", lanzó, marcando distancia con la dirigencia sindical tradicional. Según su mirada, son los pueblos indígenas originarios los que sostienen la lucha, con la convicción de no dejar solo al departamento de La Paz.
A más de un mes y medio de iniciado el conflicto, varios sindicatos afiliados a la central obrera ya negociaron y llegaron a acuerdos por separado con el gobierno del presidente Rodrigo Paz. Hoy, solo los sindicatos campesinos de La Paz y Cochabamba mantienen el bloqueo masivo de carreteras, con bloqueos también presentes en Oruro, Potosí y Santa Cruz. La fragmentación del movimiento social deja en evidencia que la conducción única del conflicto ya no existe.