El 6 de julio de 1973, apenas diez días después del golpe de Estado y en plena huelga general convocada por la CNT, Ramón Peré se convirtió en el primer asesinado de la dictadura cívico-militar uruguaya. Tenía 28 años, era estudiante de la Facultad de Veterinaria, militante del Partido Comunista, de la Asociación de Estudiantes de Veterinaria y de la Federación de Estudiantes del Uruguay. Estaba casado con Alicia, maestra y compañera de militancia, y era padre de Nancy y Andrés, de 4 y 2 años.
Oriundo de La Agraciada, Soriano, de familia obrera, Peré se encontraba ocupando el local de la facultad cuando los estudiantes resolvieron cortar la calle para debilitar la movilización de los ómnibus de AMDET, que ya comenzaban a circular. Esa tarde, junto a otro compañero, salió por Avenida Rivera a colocar grampas "Miguelito" para pinchar las ruedas. Dos hombres vestidos de civil comenzaron a perseguirlos y cuando doblaron por Pedro Bustamante, abrieron fuego. Una bala dio en el cuerpo de Ramón. Su compañero logró escapar refugiándose en la facultad. Peré fue trasladado al Hospital Militar, donde se constató su muerte.
Durante 38 años la versión oficial sostuvo la mentira de que había muerto en un enfrentamiento armado, pero múltiples autopsias y testigos demostraron que Peré tenía parkinson y jamás habría podido sostener un arma. Recién en 2011, el coronel retirado Tranquilino Machado —un joven alférez recién egresado de la Escuela Militar cuando decidió disparar por la espalda— fue procesado por el juez Ruben Saravia Garagorry como autor de un delito de homicidio muy especialmente agravado.
La historia de Ramón Peré se conecta con la de Líber Arce, ambos asesinados por fuerzas del Estado, ambos militantes que pusieron el cuerpo en los momentos más duros de la historia reciente. Recordarlo no es un acto pasivo: es preguntarse qué significa militar hoy, cómo se organiza a la clase trabajadora en el presente y cómo se sostiene la esperanza de construir un mundo donde nadie quede afuera.