LA DERECHA RECARGADA: SIETE PAÍSES, UNA MISMA RECETA Y EL CANSANCIO QUE LA EXPLICA
Análisis Político

LA DERECHA RECARGADA: SIETE PAÍSES, UNA MISMA RECETA Y EL CANSANCIO QUE LA EXPLICA

(★) .- Analistas de toda la región consultados por Brasil de Fato desmenuzan las claves del giro conservador que domina Sudamérica.

No es una ola ideológica pura, sino un hartazgo. El politólogo argentino Sergio Morresi, del Conicet, lo plantea como advertencia: lo que parece un tsunami de derecha en siete de los doce países sudamericanos responde más a una fatiga social con democracias que no dan respuestas que a una conversión política masiva. Y esa fatiga, casi siempre, beneficia a la derecha.
En Argentina, Javier Milei llegó como grito contra una inflación que durante años fue un martirio cotidiano. Su aguante, sin embargo, no depende de mejoras reales: la base social que lo sostiene persiste incluso cuando su gestión no traduce promesas en bienestar. Para Morresi, Milei fusionó dos derechas —la nacionalista y la liberal-conservadora— y capitalizó la caída de la inflación como suficiente para mantener gobernabilidad. Todo eso, con un alineamiento total con Washington: las nuevas leyes de tierras y arbitraje internacional, explica el investigador, implican una pérdida directa de soberanía.
Chile, por su parte, vive un gobierno de José Antonio Kast que, según el politólogo Ignacio Bustos, expresidente del PRO, es más corporativo que ideológico. Los ministerios clave están ocupados por personajes vinculados a la elite económica: el canciller ligado a la familia Luksic, el ministro de Hacienda conectado al capital global. La derecha supo leer contradicciones sociales —delincuencia, inmigración, el costo de la vida— y la izquierda, según Bustos, perdió el contacto con el frío real de la gente. “Necesitamos volver a vivir como la gente para entender sus problemas”, dispara.
En Bolivia, Rodrigo Paz gobierna sin programa claro ni partido. El analista Manuel Mercado lo define como populismo de derecha que flota en el vacío y se sostiene por la ausencia de otras referencias políticas. Con Evo Morales bajo orden de arresto, la tensión es constante, y Paz avanza con liberalización monetaria y marginación de sectores indígenas.
Colombia, donde Abelardo De la Espriella ganó con denuncias de fraude apenas verificadas, promete desmantelar la estructura de paz y sumarse al Escudo de las Américas, el proyecto militar de Trump. La líder social Erika Prieto alerta: la base militar en las Islas Gorgona, de 10 millones de dólares, marca el regreso de Colombia como punta de lanza del imperialismo.
Ecuador, con Daniel Noboa, se ha convertido en un caos organizado. La socióloga Irene León explica que la violencia no es endógena, sino inducida: crimen organizado implantado y una militarización al servicio de la estrategia estadounidense en el Pacífico Sur. Tres acuerdos militares dieron manos libres a Washington, y la guerra total aprobada permite la participación de civiles extranjeros, incluyendo paramilitares.
Paraguay, gobernado por Santiago Peña, firma acuerdos tipo SOFA que entregan territorio al Pentágono. El periodista Andrés Caballero denuncia una rendición total, con el expresidente Horacio Cartes —sancionado por corrupción por Estados Unidos— como garantía del sometimiento.
Perú tuvo el resultado más ajustado. Keiko Fujimori ganó por apenas 50 mil votos, y el excanciller Héctor Béjar sostiene que si solo se contaran los votos dentro del país, ganaba el progresista Roberto Sánchez. Béjar critica al progresismo por no haber tocado el poder real de las oligarquías. “Echo de menos un debate tranquilo dentro de la izquierda”, cierra.