Alexis Concepción Santos no esperó a que llegara de afuera lo que podía hacerse adentro. Tecnólogo e innovador, dedicó años a buscar tecnologías para el desenrolle de la madera y terminó fabricando sus propias máquinas. Son verticales, a diferencia de las horizontales que existen en el resto del mundo, y logran la lámina con la exactitud que exige cada habano. Así nació Laminados Concepción, inscrita entre las nuevas formas de gestión no estatal.
El camino no fue llano. Faltaban mecanismos para comprar madera al sector privado, había dificultades con el camión para subir a la montaña, cadenas, combustible y lubricantes. El Presidente Miguel Díaz-Canel visitó el taller y el asunto se despejó. Hoy a Concepción le sobra madera, les paga bien a los campesinos y arrendó a la apicultura un camión que estaba parado. Tabacuba también busca cómo resolver el combustible.
La cifra mide el tamaño del ahogo que alivia. El país requiere 3,2 millones de tablas laminadas entrecamadas y esta pequeña industria aporta 1,2 millones. En láminas más finas, la demanda ronda los 20 millones y la producción llega a 5 millones. Con una tercera máquina, más grande, el propósito es asumir toda la producción el próximo año.
Abigaíl Agramonte Mora, directora de la Empresa de Tabaco Torcido en Sancti Spíritus, lo explica sin rodeos: estas producciones abrieron una vía para sustituir importaciones y dan a las fábricas mayor seguridad para terminar sus surtidos. La economía nacional dispone dentro de un recurso que durante años compró en el mercado exterior.
Hay otra cuenta que no aparece en los balances. Cuando el agua era una agonía para el vecindario, la empresa se sentó con el Gobierno y con Acueducto, consiguieron un tanque nuevo y un sistema fotovoltaico para el bombeo. También dejó huella en la bodega y el consultorio médico. Alrededor de una veintena de lugareños trabaja allí.
Los reconocimientos llegaron: premio a la innovación comunitaria, el de los economistas cubanos por la gestión económica, el de innovación y desarrollo. Y la Feria del Habano se interesó por lo que se hace en este rincón de Cabaiguán. La madera puede trabajarse verde, fresca, sin contratiempos, y no solo cedro: otras especies también entran en el taller.
Una pequeña industria que nació para ahorrar divisas terminó resolviendo el agua de un pueblo. Esa es la trama que el papel no siempre registra.