José Roberto Duque lo dice sin adornos: fuimos derrotados militarmente. El ataque del 3 de enero usó armas nunca antes probadas en el terreno. Con los mecanismos de la confrontación convencional no se remonta eso, sostiene el cronista popular. El Palacio de Miraflores quedó bajo lo que él llama una escopeta en la nuca: el régimen Trump amenaza de muerte a Delcy Rodríguez si no se pliega. Las declaraciones del 4 de enero fueron, en sus palabras, una amenaza directa. Para Duque es fácil declararse antiimperialista frente a las cámaras. Para quien conduce bajo ultimátum, no.
El secuestro de Maduro mostró un límite: bastó llegar al Fuerte Tiuna y llevarse al hombre. Pero a la multitud chavista, ¿cómo se la captura? Duque lo plantea como una imposibilidad práctica. El chavismo es un animal latente, sin sede física, disperso en campos, barrios y ciudades. Cuántos millones hay que asesinar para asesinar una idea, se pregunta. La revolución venezolana trasciende a sus autoridades: sus inicios son anteriores a Chávez, tal vez setenta años si se toma como punto de partida los movimientos de liberación de los años sesenta.
Después del terremoto llegó lo previsible. La maquinaria mediática transnacional no dio tregua. Duque señala que videos de las primeras horas, cuando la ayuda estatal aún no llegaba a todos los derrumbes, fueron retransmitidos una semana después para instalar que el Estado nunca llegó. La narrativa buscó desaparecerlo como entidad viva. Pero lo que la derecha no dice es que esa activación de la gente para ayudar a la gente es el sustrato primero del chavismo, la democracia participativa en acto.
Sobre los periodistas, Duque es tajante. El mito de su pureza se derrumbó desde 1998 y tocó fondo en abril de 2002, cuando la mediática fabricó un relato sobre la masacre que las evidencias luego desmintieron. Hoy ciertos influencers y ciertos colegas hacen lo mismo con el derecho a la información. Con el periodismo acabaron los propios profesionales, sostiene.
La dignidad, para Duque, consiste en seguir resistiendo. Y anota un dato incómodo: en un foro antiimperialista, casi todos vestían blue jean. Si no decidimos qué pantalones ponernos, cómo vamos a decidir qué hacer con un país. Marco Rubio pidió en julio neutralizar todo lo que pareciera comunista. Duque lee ahí la declaración expresa de un conflicto continental contra los movimientos revolucionarios. La respuesta, dice, es un solo frente planetario contra el fascismo.