TIERRA SIN REPARTO NO HAY DEMOCRACIA
Política Neoliberal

TIERRA SIN REPARTO NO HAY DEMOCRACIA

(★) .- Una mujer es asesinada cada cinco horas en Brasil y el MST responde con un programa agrario popular que pone la vida en el centro.

Simone Magalhães milita en el Colectivo Tierra, Raza y Clase del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra. Habló en el webinario Feminismo popular y antirracista por la reparación y el buen vivir, organizado por la Marcha Mundial de las Mujeres el 25 de julio de 2026. Su intervención, editada y publicada por Capire, arranca con un dato que no admite vueltas: en los primeros tres meses de 2026 los feminicidios crecieron más del 7 por ciento. Una mujer es asesinada cada cinco horas.
São Paulo, el estado más rico de la federación, encabeza esa estadística. Lo gobierna la ultraderecha, que hace poco recibió a Milei para aceitar la red continental. Magalhães lo dice como advertencia: esa fuerza política ve a las personas negras como cuerpos que no deben participar de la política, que deben volver a la casa a servir al marido, a los hombres, a las iglesias. En ese mismo estado se impide discutir relaciones de género en la escuela, y crecen los casos de violencia contra las niñas. Hay un proyecto de muerte en marcha, denuncia.
Las afrodescendientes sostienen el tejido social cuando el capital no ofrece salida. Reorganizan la vida ante catástrofes y epidemias. Crean tecnología social para seguir defendiendo el derecho a vivir. De ahí que la respuesta del MST no se limite al repudio: la organización tiene un programa agrario popular y lo pone sobre la mesa. Sin democratizar la tierra, sin vivienda, trabajo, educación y alimentos saludables, no hay sociedad brasileña democratizable. La reforma agraria es reparación histórica, no compensación económica. Es condición para territorios libres de patriarcado, de machismo, de LGBTfobia, construidos con agroecología y trabajo colectivo.
El campo y la ciudad no los separó el campesinado. Los separó el capitalismo, que fragmenta para dominar. Por eso el MST camina con la militancia negra, con los pueblos ribereños, quilombolas e indígenas, con quienes llevan 500 años en resistencia. Radicalizar la democracia exige esa alianza.