EL 8M QUE DERRUMBÓ UN IMPERIO: CUANDO LAS OBRERAS RUSAS INICIARON LA REVOLUCIÓN
Un día como hoy

EL 8M QUE DERRUMBÓ UN IMPERIO: CUANDO LAS OBRERAS RUSAS INICIARON LA REVOLUCIÓN

(★) .- La verdadera historia del Día Internacional de la Mujer Trabajadora nace de una insurrección proletaria que cambió el curso del siglo XX.

El 8 de marzo de 1917, más de 90.000 trabajadoras textiles de Petrogrado abandonaron sus telares para enfrentarse al hambre, la guerra imperialista y la autocracia zarista. Su grito de "¡Pan!" y "¡Abajo el autócrata!" encendió la chispa que desembocaría en la Revolución de Febrero. Estas obreras, organizadas en círculos clandestinos bolcheviques y mencheviques, no pedían flores ni reconocimientos simbólicos: paralizaron la producción en plena Primera Guerra Mundial y desafiaron a sables y balas.
La jornada se transformó en un duelo a muerte cuando guardias cosacos cargaron contra las manifestantes en la avenida Nevski. Las trabajadoras respondieron con piedras y una consigna que resonaría en la historia: "¡Hermanos, no disparéis a vuestras mujeres!". Su valentía logró que regimientos enteros se negaran a reprimirlas y se sumaran al motín. Testimonios de la época documentan cómo las obreras, armadas con mobiliario urbano arrancado, enfrentaron cuerpo a cuerpo a la policía zarista, irrumpieron en comisarías para liberar presos políticos y prendieron fuego a archivos policiales.
Esta acción revolucionaria tenía raíces profundas en la tradición socialista internacional. Clara Zetkin había impulsado desde 1910 el 8 de marzo como día de lucha proletaria contra la explotación capitalista y la guerra imperialista. Las obreras rusas respondieron a ese llamado con una organización que para el 25 de febrero ya sumaba 240.000 participantes en huelgas masivas. Su movimiento forzó la abdicación del zar Nicolás II y abrió el camino para el poder soviético.
Tras la Revolución de Octubre, las mismas mujeres que iniciaron el proceso ocuparon posiciones estratégicas en el primer estado obrero. Alexandra Kollontai impulsó el divorcio libre, el aborto legal y la socialización del cuidado infantil. Las textileras de Vyborg formaron los primeros comités de fábrica que colectivizaron la producción y exigieron salarios igualitarios, desafiando la discriminación salarial que los capitalistas utilizaban para dividir al proletariado.
Hoy, cuando el 8M ha sido vaciado de su contenido revolucionario por instituciones y partidos reformistas, la lección histórica permanece intacta: la verdadera emancipación femenina solo avanza cuando las mujeres trabajadoras toman el poder contra quienes controlan la producción y se benefician de su opresión específica. La revolución comenzó con obreras textiles enfrentándose a un imperio, demostrando que los grandes saltos en libertad siempre los impulsa la lucha organizada desde abajo.