Con más del 97% del conteo, la coalición del presidente Gustavo Petro emerge como la fuerza dominante en el Senado colombiano, obteniendo 26 de las 102 curules. Este triunfo representa una ratificación del proyecto político que llegó al poder en 2022, cuando Petro se convirtió en el primer mandatario de izquierda en la historia del país. La victoria legislativa adquiere especial relevación como termómetro para las presidenciales del 31 de mayo, donde el senador Iván Cepeda aparece como favorito.
El crecimiento del Pacto Histórico es notable: pasó de 2.8 millones de votos en 2022 a 4.4 millones en estas elecciones, ganando en 12 de los 32 departamentos. Este avance compensa la pérdida de los escaños que el acuerdo de paz de 2016 garantizaba a los excombatientes de las FARC, cuyo partido Comunes desaparece del escenario político por no alcanzar el umbral. La derecha experimenta una dispersión preocupante: aunque el Centro Democrático crece de 13 a 17 senadores, las listas de Salvación Nacional (Abelardo de la Espriella) y Creemos (Federico Gutiérrez) fragmentan el voto opositor.
Un eventual gobierno de Cepeda podría construir mayorías legislativas sumando apoyos en partidos tradicionales. Los cálculos indican que, además de los 26 senadores del Pacto, podría contar con al menos 7 liberales afines, 8 verdes y operadores en La U y el Conservador, alcanzando el umbral de 52 votos necesarios. Esta posibilidad depende de negociaciones políticas y distribución burocrática, revelando cómo el sistema clientelar persiste incluso bajo proyectos transformadores.
La elección registró la participación más alta desde 1990, con más de 21 millones de votantes. Figuras opositoras vocales como Carlos Fernando Motoa, Lina Garrido y María Paz Gaviria quedaron fuera del Congreso, evidenciando el costo político del antipetrismo radical. El centro de opinión también sufrió, con solo Jennifer Pedraza logrando saltar al Senado entre cuatro representantes independientes que intentaron el cambio.
Este resultado consolida una izquierda que debe navegar entre la construcción de mayorías y la presión de una derecha que amenaza con gobernar por decretos si llega al poder. La victoria del Pacto Histórico demuestra que el cambio político en Colombia tiene raíces más profundas de lo que sus detractores esperaban, aunque la fragilidad de las aliancias y la persistencia del clientelismo plantean desafíos estructurales para cualquier proyecto transformador en el país.
