El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar a seis de las doce personas cuyos restos fueron hallados en el predio del ex centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba. Las víctimas, secuestradas, torturadas y asesinadas durante la última dictadura militar, recuperan su identidad tras un minucioso trabajo científico y la persistencia de familiares y organismos de derechos humanos. Los nombres dados a conocer por la Asociación H.I.J.O.S Córdoba corresponden a Eduardo Jorge Valverde Suárez, Oscar Reyes, Ramiro Bustillo, una de las mellizas Carranza (Adriana o Cecilia), Raúl Oscar Ceballos Canton y Mario Alberto Nívoli.
Valverde Suárez, mendocino que estudiaba Derecho en Córdoba y era delegado de la Federación Universitaria, fue secuestrado poco después del golpe militar en un puesto de la Fuerza Aérea. Ceballos Canton, estudiante de Ingeniería y trabajador de FIAT Materfer que militaba en Montoneros, fue arrancado de su domicilio en barrio Altamira en agosto de 1976. Las mellizas Carranza, de apenas 18 años, fueron secuestradas en mayo de 1976 en el barrio General Paz; la identificación se logró a partir de un diente que coincide genéticamente con una de ellas.
Oscar Reyes, nacido en Banfield y padre de cinco hijos, trabajaba en FIAT y militaba en el Partido Comunista. Fue secuestrado en la vía pública el 18 de octubre de 1977. Ese mismo día cayó Ramiro Bustillo, de 27 años, también militante comunista, bajo órdenes del entonces comandante del III Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. Mario Alberto Nívoli, técnico electricista y militante de la Juventud Universitaria Peronista, fue secuestrado en febrero de 1977 frente a su familia.
El proceso de identificación combina testimonios, imágenes satelitales, tecnología LiDAR y análisis de fotos aéreas históricas. La recuperación de estos restos en el sector conocido como Loma del Torito representa un hecho histórico: es la primera vez que se encuentran evidencias de este tipo en La Perla casi cinco décadas después de los crímenes cometidos entre 1976 y 1977. El ex centro de detención fue uno de los principales espacios de represión ilegal, donde se estima que estuvieron cautivas entre 2.200 y 2.500 personas.
Estas identificaciones, más allá del dolor que reactivan, representan un triunfo de la memoria colectiva sobre el olvido impuesto. Cada nombre recuperado es un acto de justicia simbólica que desmiente la teoría de los dos demonios y reafirma que fueron militantes políticos víctimas de un plan sistemático de exterminio. La persistencia del EAAF, los organismos de derechos humanos y las familias demuestra que la búsqueda de verdad y justicia es un proceso ininterrumpido que desafía el paso del tiempo y las políticas del olvido.