Más de 100.000 pequeños agricultores, pescadores, ganaderxs y comunidades indígenas de Estados Unidos y Canadá lanzaron un grito conjunto que resuena desde Cartagena hasta las praderas norteamericanas. La Unión Nacional de Agricultores de Canadá y la Coalición Nacional de Granjas Familiares de EE.UU. exigen una transformación profunda del sistema alimentario tras la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural.
El llamado es contundente: priorizar los medios de vida rurales sobre las ganancias corporativas. Durante décadas, estas comunidades han resistido el creciente control empresarial de la tierra, la falta de aplicación de derechos humanos y la especulación financiera que convierte los campos en mercancía. La crisis climática agrava esta situación, expulsando a agricultores de sus tierras a ritmo acelerado.
La reforma agraria que proponen se basa en cuatro pilores radicales: restitución, reconocimiento, redistribución y regulación. No se trata de ajustes cosméticos sino de cambiar las reglas del juego. Exigen respeto a los tratados indígenas, freno a la concentración de tierras y fin a los acuerdos de libre comercio que han marginado a los pequeños productores por treinta años.
El documento critica duramente el modelo vigente donde las grandes corporaciones compran y consolidan tierras cultivables, tratándolas como activos financieros en lugar de bienes comunes. La especulación inmobiliaria y el desarrollo industrial expulsan a quienes realmente alimentan a las comunidades.
La propuesta incluye inversión masiva en sistemas alimentarios locales y agroecología, un cambio de paradigma que fortalezca la resiliencia comunitaria frente a la crisis climática. Las organizaciones denuncian que ni siquiera la renegociación del T-MEC ha beneficiado a las familias trabajadoras rurales.
Este movimiento transnacional muestra que la lucha por la tierra no es exclusiva del Sur global. En el corazón del capitalismo agroindustrial, quienes producen los alimentos reclaman soberanía sobre sus territorios. La demanda es clara: tierra para quien la trabaja, alimentos libres de dominación corporativa y justicia para pueblos históricamente despojados. La reforma agraria llegó al norte, y viene con raíces profundas.