La industria farmacéutica cubana, tradicionalmente autónoma y reconocida por sus innovaciones biotecnológicas, da un giro estratégico al aliarse con el gigante ruso Pharmasyntez para desarrollar Amylovis-201, un medicamento multidiana contra el Alzheimer. El proyecto, respaldado por el Ministerio de Ciencia ruso, concentrará la producción en la planta BratskKhimSintez mientras Cuba aporta su experiencia en neurociencias a través del Centro Cubano de Neurociencias (Cneuro).
Esta colaboración bilateral emerge en un contexto donde la industria médica cubana enfrenta severas limitaciones por el bloqueo estadounidense y la crisis económica interna. La dependencia tecnológica rusa para sintetizar la sustancia activa plantea interrogantes sobre la soberanía farmacéutica que Cuba defendió durante décadas.
El acuerdo refleja la creciente influencia rusa en sectores estratégicos cubanos y cuestiona si estas alianzas responden a necesidades sanitarias genuinas o a reconfiguraciones geopolíticas. Mientras se anuncia como un triunfo científico, la distribución equitativa de beneficios intelectuales y el acceso asequible al fármaco resultante permanecen como incógnitas en un sistema de salud bajo presión extrema.