TRES MESES SIN PAGAR LOS SUELDOS. QUIEREN QUE EL COSTO DE LA CRISIS QUE ELLOS GENERARON, LA PAGUE EL PUEBLO TRABAJADOR. MUJERES SE ORGANIZAN PARA ENARBOLAR LA RESISTENCIA DEL DÍA A DÍA
Organización y Lucha

TRES MESES SIN PAGAR LOS SUELDOS. QUIEREN QUE EL COSTO DE LA CRISIS QUE ELLOS GENERARON, LA PAGUE EL PUEBLO TRABAJADOR. MUJERES SE ORGANIZAN PARA ENARBOLAR LA RESISTENCIA DEL DÍA A DÍA

(★) .- La lucha de las trabajadoras y familiares de Lácteos Verónica expone la agonía de un modelo que sacrifica comunidades enteras en el altar del despojo patronal.

Más de 700 puestos de trabajo agonizan en las plantas de Lehmann, Suardi y Clason. La histórica empresa láctea, fundada en 1923, lleva meses sin pagar salarios, dejando a trabajadores con hasta 40 años de antigüedad en la incertidumbre total. La patronal desapareció, las deudas superan los 60 millones de dólares y comunidades enteras dependen de una actividad que se apaga. En este contexto desesperante, 55 mujeres se organizaron para sostener la lucha. Esposas, novias y trabajadoras de la empresa conformaron un colectivo que acompaña psicológicamente a los empleados, visibiliza el conflicto y presiona a funcionarios. "Es un pueblo el que muere como consecuencia de esto", denuncia Florencia, una de las referentes.
La crisis no es nueva. Desde 2017 la empresa arrastra problemas, pero el quiebre llegó en mayo del año pasado cuando se interrumpieron unilateralmente todos los pagos. Los trabajadores siguen yendo a fichar, cumplen ocho horas sin tareas y sobreviven con changas. La cobertura de salud sólo se mantiene gracias al gremio. En marzo, la empresa envió telegramas reduciendo la jornada a cuatro horas sin procedimiento aprobado, medida rechazada masivamente. Los depósitos de Buenos Aires y Mar del Plata fueron cerrados con candados.
Las mujeres sostienen un acampe que comenzó en marzo ante el temor de nuevos cierres. La solidaridad vecinal mantiene las carpas con bizcochuelos y termos. Existen compradores interesados en reactivar las plantas modernas, pero la familia Espiñeira, propietaria de la empresa, no da la cara. Las audiencias en el Ministerio de Capital Humano avanzan sin los dueños. "Nos sentimos desamparados", afirma Florencia. El conflicto revela cómo el abandono empresarial destruye tejido social. La resistencia de estas mujeres muestra que cuando el Estado y los patrones fallan, la organización comunitaria emerge como último bastión de dignidad. Su lucha no es sólo por salarios impagos, sino por la supervivencia de pueblos enteros que el modelo neoliberal condena al olvido.