La diplomacia china ha elevado su voz contra el cerco económico que asfixia a Cuba. Este martes, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, manifestó el apoyo explícito de Pekín a la declaración conjunta emitida por Brasil, México y España el pasado 18 de abril. La posición trilateral había expresado preocupación por el agravamiento de las condiciones de vida en la isla caribeña y la necesidad urgente de medidas para mitigar los impactos de la crisis sobre la población civil.
Desde la capital china, Guo Jiakun lanzó un contundente mensaje a Washington: "El gobierno de Estados Unidos necesita escuchar esta voz justa y terminar inmediatamente el bloqueo, las sanciones y cualquier forma de coerción y presión contra Cuba". La declaración refuerza el creciente aislamiento internacional de la política de sanciones que mantiene el régimen Trump, cada vez más cuestionada por gobiernos y organismos multilaterales debido a sus devastadores efectos sociales.
La posición china no se limita a la retórica diplomática. En los últimos meses, Pekín ha intensificado su asistencia concreta a la isla, golpeada por apagones eléctricos, escasez de alimentos y una profunda crisis económica. En enero, China anunció un paquete de ayuda de emergencia por 80 millones de dólares, destinado principalmente a la recuperación del sistema eléctrico cubano, complementado con la donación de 60 mil toneladas de arroz para fortalecer el abastecimiento interno.
La cooperación energética representa otro eje fundamental. China ha enviado equipos fotovoltaicos y kits solares a hospitales, policlínicas y comunidades afectadas por los cortes de energía. Con financiamiento y tecnología china, Cuba incorporó más de 1.000 megavatios de energía solar el año pasado y conectó 49 nuevos parques solares a la red nacional, buscando reducir la dependencia de combustibles importados.
Este respaldo material y político evidencia cómo la solidaridad sur-sur se consolida como contrapeso a las políticas coercitivas del Norte global. La crisis cubana, exacerbada por seis décadas de bloqueo, revela las contradicciones de un sistema internacional que predica derechos humanos pero mantiene medidas que afectan directamente a poblaciones civiles. El apoyo chino, sumado al de Brasil, México y España, configura un frente diplomático que cuestiona la legitimidad del unilateralismo estadounidense y reivindica la soberanía de los pueblos frente a la injerencia externa.