Según reseña Señal Colombia, Garras de oro fue dirigida por P. P. Jambrina y producida por Cali Films en 1926, en pleno Valle del Cauca, cuando el cine colombiano apenas balbuceaba sus primeras imágenes. La película se atrevió a hacer lo que ningún otro largometraje nacional había intentado: parodiar la adhesión de Panamá a Estados Unidos, un episodio que aún supuraba en la memoria colectiva latinoamericana.
La obra sobrevivió solo en fragmentos, pero su potencia crítica fue tal que permaneció desaparecida durante más de sesenta años. Recién en 1986, el historiador Jorge Orlando Melo encontró una copia en la Biblioteca del Congreso de Washington, como si el imperio la hubiera secuestrado en sus propios archivos.
A partir de ese hallazgo, los investigadores Ramiro Arbeláez y Óscar Campo Hurtado realizaron el documental Garras de oro: herida abierta en un continente, que reconstruye el itinerario de esta obra maldita. La investigación de Arbeláez, que sigue pistas como un arqueólogo del celuloide, revela cómo el cine mudo colombiano fue capaz de morder la mano del poder con humor, caricatura y una audacia que le costó el exilio de los archivos.
Hoy, a las puertas de su centenario, Garras de oro no es solo una rareza cinematográfica: es la prueba de que el cine latinoamericano nació incómodo, crítico y dispuesto a señalar las garras del águila.
Puedes ver el Documental | Garras de oro: herida abierta en un continente
Y la película: